Durante la mayor parte de este último año escolar, me enfermé con frecuencia.
No era nada grave, pero las molestias en forma de congestión y problemas relacionados empezaron a interferir con mi vida diaria. Nunca había experimentado algo así y sentí la necesidad de recurrir a la oración. Mis padres eran conscientes de lo que me estaba pasando, y aunque no les pedí que oraran por mí, mi mamá siempre apoya mucho la curación a través de la oración. Así que sabía que ella estaba apoyando mi progreso durante ese tiempo.
Aunque había decidido orar, no estaba muy segura de por dónde empezar. Asisto a la Escuela Dominical de la Ciencia Cristiana cada semana, así que empecé a recopilar notas que tomaba durante nuestras conversaciones en clase, así como citas de la Biblia y de Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, escrito por Mary Baker Eddy, que me llamaban la atención. Al término del año escolar, tenía una lista completa de ideas útiles en mi aplicación de notas.
Oré con la idea de la Biblia de que Dios es la única causa y creador, y que Dios, que es Espíritu, crea y anima todo lo que es real y bueno, incluyéndome a mí.
Un versículo de la Biblia que realmente me impactó en aquel momento viene al final de un pasaje que describe la bondad de Dios hacia Su creación y dice: “Todo aquel que es sabio observará estas cosas, y comprenderá la bondad y el amor del Señor” (Salmos 107:43, New King James Version). Para mí, esto significa que, si buscas lo bueno, puedes encontrarlo en cada parte de la vida porque Dios es bueno y es la Vida misma. Después de leer esto, me centré en observar las cosas buenas que me rodeaban y expresar gratitud por ellas porque sabía que eran manifestaciones del amor de Dios.
A medida que seguía asistiendo a la Escuela Dominical y orando con estas ideas, empecé a ver mejoras. No obstante, aún quería una curación completa.
Entonces, un día, escuché algo en el podcast del Daily Lift de la Ciencia Cristiana que me impactó. La idea general del episodio era que un problema físico apunta a algo que no hemos abordado mentalmente, ya que todo lo que enfrentamos es un pensamiento que se expresa de forma externa. Me di cuenta de que solo me había centrado en una resolución física, cuando lo que realmente necesitaba era orar acerca de un pensamiento equivocado.
Esta revelación me animó. Me di cuenta de que, en lugar de tratar de arreglar una condición física, necesitaba corregir cualquier pensamiento que hubiera detrás, lo cual sabía que ocurriría a medida que aprendiera más sobre Dios.
Poco después, fui a un campamento para Científicos Cristianos. Estaba emocionada por ir porque, para mí, el campamento es un lugar estupendo para aprender nuevas ideas sobre Dios, y sabía que mi verano estaría lleno de elevación espiritual e inspiración.
Aproximadamente una semana y media después de empezar el campamento, durante una reunión de testimonios en la iglesia allí —la cual brinda durante una hora la oportunidad de compartir curaciones— me puse a pensar en algún testimonio para compartir. Fue entonces cuando me di cuenta de que me había sanado: mis senos nasales estaban limpios y ya no tosía. Todo el malestar había desaparecido. Estaba muy feliz y agradecida a Dios.
También noté que otro problema de mucho tiempo se había resuelto. Durante un par de años antes de esto, había tenido eczema. Mientras repasaba mentalmente mis pasos, me di cuenta de que cuando empecé a orar porque me sentía mal, la decoloración y la sequedad de la piel causada por el eczema habían desaparecido. No había orado por el eczema, pero al elevar espiritualmente mi pensamiento todas mis necesidades fueron satisfechas.
Aprendí mucho sobre mí misma y sobre Dios a través de esta experiencia, y estoy muy agradecida por estas dos curaciones.
