La Ciencia Cristiana fue una gran bendición mientras realizaba mis estudios universitarios. Mis maestros de la Escuela Dominical me dieron muchos artículos inspiradores de El Heraldo de la Ciencia Cristiana y me ayudaron a prepararme metafísicamente para los exámenes.
Después de graduarme de la universidad, empecé a trabajar en un puesto que me demandaba muchas horas y no pagaba mucho. Me sentía vacío, triste y deprimido tanto por trabajar en ese empleo como porque mis años de estudio parecían no haber dado resultado alguno.
Luego surgió la idea de hacer una maestría al año siguiente, pero no tenía ni idea de cómo la pagaría. El programa era a tiempo completo, así que tendría que dejar mi trabajo y perder esos ingresos. Y mucha gente en el ámbito académico donde me desempeñaba no paraba de decirme que el programa sería muy difícil, que me iba a estresar y que no iba a tener vida social porque tendría que estar todo el día estudiando.
Aunque me asusté mucho y me llené de incertidumbre, mi familia seguía compartiendo artículos del Heraldo conmigo. Al hablar con mi abuela, también me dio la cita bíblica que dice: "Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas" (Proverbios 3:5, 6). También encontré esta cita bíblica que me dio ánimo: "Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas" (Mateo 6:33).
Estos pasajes de la Biblia nos hablan de Dios, no del miedo o la incertidumbre. Hablan de cómo descansar o entregarnos a Dios; y me di cuenta de que no tenía que preocuparme, porque reflejo a Dios, la Mente divina, sin esfuerzo. Y no solo en las acciones cotidianas, sino también en reconocer el amor de las personas en la iglesia.
Después de empezar a hablar con mi abuela, comencé a asistir a la iglesia más a menudo. Los testimonios en los servicios me ayudaron mucho: podía ver cómo la gente enfrentaba los desafíos y los superaba a través de la oración. Empecé a entender que yo también podía superar cualquier cosa con la oración, y reflejar a Dios en todos los ámbitos de mi vida; podía ser amoroso y servir como un faro de luz para los demás.
Entonces surgió una posibilidad: un trabajo en La Iglesia Madre como becario remoto durante tres meses. Aceptar el puesto requirió mucho valor, ya que era completamente diferente a mi trabajo como analista económico. Sin embargo, servir a mi iglesia para mí era perfectamente normal. Confiaba continuamente en Dios y sabía que me apoyaba en Él todo el tiempo y que no estaba solo. Trabajar para La Iglesia Madre me permitió presenciar la curación de los desafíos únicamente apoyándome en la oración.
Cuando terminó la pasantía, me quedó algo de dinero y, con un poco de ayuda de mis padres, entré en un programa intensivo de maestría de un año. Reconozco que, al principio, todavía tenía algunos temores y sentimientos limitantes. Pero mi antigua maestra de la Escuela Dominical me recordó que yo reflejaba a la Mente y que expresaba a Dios. También recordé las palabras de Jesús: "Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo" (Juan 5:17).
Aunque el programa académico era difícil, me mantuve tranquilo e intenté reconfortar a los demás estudiantes, muchos de los cuales se sentían abrumados. Incluso pude aceptar un trabajo durante el año, a pesar de las advertencias de amigos de que no sería posible estudiar y trabajar al mismo tiempo. (Sigo trabajando en este puesto hoy en día muy contento.) Me fue muy bien con los cursos, tuve muy buenas relaciones con mis profesores y amigos, y obtuve con éxito mi título avanzado.
Estoy humildemente agradecido por esta experiencia: pasar de estar extremadamente ansioso por mi futuro a saber que Dios está al mando y siempre conmigo. Aprendí que puedo confiar en Dios al tomar decisiones, convencido de que soy Su creación perfecta y que Él está haciendo el trabajo.
Sebastián Burgermeister
Buenos Aires, Argentina
