
Relatos de curación
Cuando terminó el servicio, los congregantes quisieron hablar conmigo sobre la inspiración que habían obtenido del solo y su conexión con el sermón que siguió. El mensaje más profundo había llegado, ¡y yo estaba muy agradecida de haber contribuido de esta manera!
Para revertir las pretensiones de shock, culpa y amargura, seguí afirmando que solo podía expresar cualidades divinas y que era imposible “caer” de la presencia de Dios.
Me aferré a la verdad, con absoluta autoridad divina, de que nunca podría estar separada del amor de Dios, sin importar lo que pareciera estar pasando. Mi pensamiento se elevó muy por encima de la aparente repetición del mal, y llegué a la hermosa revelación de que estaba eternamente intacta y eternamente segura en los brazos de Dios.
Tras unos días de oración persistente y tratamiento metafísico por parte de un practicista de la Ciencia Cristiana, se me ocurrió empezar un proyecto de exploración espiritual: leería Ciencia y Salud de principio a fin; también leería los cuatro Evangelios para aprender más sobre la vida de Jesús y su práctica de curación espiritual.
Dejar de lado el temor y cualquier creencia de que el bien es limitado o está fuera de nuestro alcance nos permite escuchar los pensamientos de Dios que nos guían y nos tranquilizan. Estas ideas son nuestras por derecho de nacimiento como hijos de Dios y abren el camino para que el bien se desenvuelva en nuestra experiencia.
Comprendí que mi audición está intacta para siempre, que puedo escuchar la voz de mi Padre porque Él se comunica directamente con mi conciencia. No hay intermediarios entre la Mente única y su idea.
Pude agradecer tanto a la enfermera como a la practicista de la Ciencia Cristiana por sus servicios y regresar a casa por mi cuenta. Una vecina amorosa me recibió en el aeropuerto y me ayudó con la compra y los recados. Otra persona cuidó de mi perro y me recordó que la bondad seguía manifestándose en mi experiencia.
En ese momento me di cuenta de que se necesitaba más. No era suficiente profesar un amor teórico por mi jefe sobre la base de que era miembro de la raza humana. En cambio, necesitaba ver que este hombre era el hombre que hizo Dios.
Mientras tratábamos a nuestro hijo a través de la Ciencia Cristiana, continuamos teniendo claramente en mente que era un hijo de Dios: perfecto, espiritual y sano. También reconocimos que, como tal, solo podía ser la imagen y semejanza de lo que es Dios, el bien, y que su naturaleza siempre había consistido plenamente en reflejar a Dios, el Amor.
Con todas las ideas anteriores, puedo empezar a comprender la totalidad de Dios, entendiendo que, dado que Dios lo es todo, no hay lugar para el caos, la enfermedad o cualquier otra situación que parezca grave y que, sin embargo, cuando cambiamos nuestra perspectiva correctamente, desaparece en la nada.