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Santificación y curación

Del número de julio de 1967 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Mrs. Eddy escribe lo siguiente en la página 492 del libro de texto Ciencia y Salud: “El ser es santidad, armonía e inmortalidad. Ya se ha probado que un conocimiento de esto, por pequeño que sea, elevará la norma moral y física de los mortales, aumentará la longevidad, purificará y elevará el carácter”. Esta purificación de carácter significa un proceso de santificación al cual debemos dedicarnos todos eventualmente y debe tener precedencia por sobre todas las demandas meramente materiales, aunque parezcan muy legítimas.

Cristo Jesús declaró (Mateo 5:6): “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia; porque ellos serán saciados”. Jesús continuó siendo justo hasta el momento mismo de la ascensión. Nosotros también seremos bendecidos si seguimos sus preceptos. La Verdad y el Amor se revelan a medida que avanzamos y lo mismo debiera ocurrir con nuestros esfuerzos por obtener la santificación total. En el libro de texto leemos (pág. 22): “Oscilando como un péndulo entre el pecado y la esperanza del perdón, — mientras el egoísmo y la sensualidad causan constantes retrocesos, — nuestro progreso moral será lento. Cuando las demandas del Cristo despiertan a los mortales, éstos experimentan sufrimiento. Eso les obliga, tal como a hombres que se están ahogando, a realizar esfuerzos vigorosos para salvarse; y por el precioso amor de Cristo, estos esfuerzos son coronados con buen éxito”.

La fe en la perfección y armonía espirituales del hombre como idea del Amor divino es lo que alienta la lucha que nos librará de todas las creencias materiales que sostienen lo contrario. Pero, a menos que afirmemos con toda sinceridad que las ideas de Dios son ya perfectas, habremos errado de dar en el blanco, si identificamos este estado con nuestro concepto humano actual acerca de nosotros mismos. La armonía, vigor, paz y sencillez del ser verdadero sólo pueden ser logradas en la medida en que el sentido material del ser es desechado.

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