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Siento una mayor compasión por aquellos que han pasado, o están pasando, por tiempos difíciles. Tengo una mayor disposición para amar a los demás durante esos momentos, asegurándoles que el Amor los sostendrá y los apoyará.
La verdad de nuestro ser como creación de Dios es que siempre tenemos todo lo que necesitamos en cualquier momento.
Una clase de la Escuela Dominical me inspiró a poner el Padre Nuestro en mis propias palabras, lo que me ayudó a entender cómo se aplica a mí.
Aunque era evidente que estaba bajo la influencia de drogas o alcohol, yo no tenía miedo. Mis oraciones anteriores me habían preparado, y estaba tranquila, sabiendo que siempre estamos protegidos en nuestro servicio a Dios.
Vi que la única información que la sombra, o el sentido más distorsionado de la Vida, tiene para decirnos es que lo real —su opuesto— está allí mismo, y que necesitamos buscar y volver a enfocarnos en el Espíritu, Dios, como Todo y en el hombre como la representación perfecta de Dios
Apoyarse en Dios significa que todo lo bueno y lo correcto es posible, y yo pude demostrarlo.
Dios no me había abandonado —y jamás podría abandonarme ni a mí ni a ninguno de nosotros— ni siquiera cuando yo buscaba provisión en otro lugar aparte de Él. Cuando me vi a mí misma como la hija de Dios, a la que nunca le puede faltar nada y a la que nunca le ha faltado, todo se resolvió.
No podemos perder algo que nunca hemos poseído. Esto no significa que no tengamos nada, sino todo lo contrario. Todo lo que tenemos, lo tenemos por reflejo, no por posesión. Todo lo que Dios es, es nuestro para reflejar.
Apareció primero el 12 de mayo de 2025 como original para la Web.
Original en español
Hoy, estoy profundamente agradecido por las enseñanzas de la Ciencia Cristiana que continúan guiándome. Los servicios dominicales siempre son una fuente de paz para mí. ¡No los cambiaría por nada del mundo!
Apareció primero el 5 de mayo de 2025 como original para la Web.
Original en español
Hoy veo con toda felicidad que si las dificultades me toman por sorpresa, duran muy poco y son desterradas muy rápidamente mediante la Verdad del Cristo —el mensaje eterno de amor de Dios— que Jesús tan claramente ejemplificó. No hay vuelta atrás.