Podemos esforzarnos por ser reformadores a través de nuestras oraciones por el mundo, viendo más allá de la aparente división la naturaleza espiritual de todos —nuestra verdadera identidad— y despertando a nuestra unidad con Dios y con los demás, más allá de cualquier frontera.
Dios no me había abandonado —y jamás podría abandonarme ni a mí ni a ninguno de nosotros— ni siquiera cuando yo buscaba provisión en otro lugar aparte de Él. Cuando me vi a mí misma como la hija de Dios, a la que nunca le puede faltar nada y a la que nunca le ha faltado, todo se resolvió.
Cuando terminó el servicio, los congregantes quisieron hablar conmigo sobre la inspiración que habían obtenido del solo y su conexión con el sermón que siguió. El mensaje más profundo había llegado, ¡y yo estaba muy agradecida de haber contribuido de esta manera!
No obtenemos lo que necesitamos de ningún otro lugar que no sea el Amor divino, Dios. La ley del Amor nos permite ser agradecidos y generosos, sin perder nada. Estos estados de pensamiento pueden trascender cualquier ritual u obligación e impulsarnos a estar más conscientes de nuestra unidad con nuestro Padre celestial.
La Ciencia Cristiana siempre ha sido mi roca, mi refugio, mi guía. Pero esta experiencia, más que todas las demás, fortaleció mi confianza en Dios, la Verdad divina y mi comprensión del reino de Dios.
Cualquier preocupación se evaporó como la niebla de la mañana con el amanecer, y una sensación espiritual de libertad me llevó al siguiente paso. Me arrastré por el suelo hacia la marmota con trozos de manzana en mis manos. Pronto estaba tomando la manzana, sentándose sobre sus patas traseras y comiendo junto a mí.
Como imagen y semejanza de Dios, no estaba sujeta a las leyes limitantes del tiempo o la vejez, sino que tenía dominio sobre ellas; expreso salud, juventud, armonía y alegría, todas las cualidades que provienen de nuestro Padre-Madre Dios, eternamente.
Todos los días estoy agradecida por esta experiencia, que me recuerda estar alerta a lo que pienso y soy, y a comenzar cada mañana apreciando la majestad y la presencia de Dios y el hecho espiritual de nuestra unidad con Él.
A lo largo de los años, a medida que he estudiado la Biblia a la luz de las enseñanzas de la Ciencia Cristiana, me he dado cuenta de que la pregunta “¿Qué haré hoy?” no es una mera pregunta ociosa. Es probable que mis decisiones sobre qué hacer tengan un efecto en mí y en las personas que conozco.
Me aferré a la verdad, con absoluta autoridad divina, de que nunca podría estar separada del amor de Dios, sin importar lo que pareciera estar pasando. Mi pensamiento se elevó muy por encima de la aparente repetición del mal, y llegué a la hermosa revelación de que estaba eternamente intacta y eternamente segura en los brazos de Dios.