Cuando las cosas parecen difíciles, no hay mejor respuesta que considerar cómo podemos ayudar a traer este despertar espiritual al mundo. Abrazar este propósito más elevado nos permite vernos de manera más tangible en un universo en el que Dios opera en nuestra vida diaria y en nuestras interacciones con los demás.
Cuando se trata del Espíritu, no tenemos que esperar para recibir la herencia que “el Padre de las luces” nos está dando libremente momento a momento.
Al identificarme como la idea de Dios, ¿me veo a mí misma como capaz de demostrar lo que Dios está haciendo que yo sea? ¿O me estoy viendo a mí misma como un ser humano imperfecto, que necesita, o a quien se le pide, convertirse en algo mejor?
A lo largo de los años, he tenido muchas pruebas del poder sanador de Dios a través de la comprensión y la práctica de la Ciencia Cristiana, que enseña que el hombre, como reflejo de Dios, es espiritual, no material.
Aprendí a amar a Dios y a mi prójimo como Jesús nos enseña en la Biblia. Eso había sido difícil para mí antes, porque lo único que veía era a una persona que necesitaba ayuda en lugar de al hombre creado por Dios, como se describe en el primer capítulo del Génesis.
Mi firme adhesión y aceptación de la verdad acerca de la protección del hombre contra los peligros de la conducción también nos ha mantenido a salvo a mis familiares y a mí varias veces desde entonces.
La confianza en la omnipotencia y omnipresencia de Dios, el Espíritu, nos da la autoridad espiritual para silenciar el miedo y vencer la creencia de que la enfermedad es real y puede ser contagiosa. Al cuidar de nuestra familia, oré para sentir esa confianza espiritual.
La curación se produce cuando nos damos cuenta de que nuestra identidad nunca puede ser cambiada en algo que no es. No hay ningún poder aparte de Dios, el Amor, así que no hay poder que pueda cambiarnos de lo que Dios ha hecho.
Comprendí claramente que nunca había dejado de estar bajo el cuidado de Dios. Acepté este hecho y continué orando, afirmando mi unidad y semejanza con Dios.
Cada vez que riego mi jardín, observo sus diferentes árboles frutales, la variedad de plantas y sus muchas flores. ¡Es maravilloso! Es un recordatorio de que todo crece armoniosamente cuando somos más conscientes de la expresión de Dios.