Mi suegra y yo compartimos un viaje sanador durante muchos años, construyendo y deconstruyendo nuestra relación, hasta que ambas nos comprendimos y nos dimos espacio. Pero no lo logramos con el mero esfuerzo humano.
Al orar, manejé el pensamiento de la edad y el tiempo insistiendo en que yo era para siempre una idea espiritual, no tocada por ninguna sugestión de limitación.
Lamenté no poder atender a los estudiantes y maestros ese día. Pero estaba en pleno trabajo de oración; negando cualquier cosa desemejante a Dios y embebiendo las palabras del Padre Nuestro.
Recordé una idea que escuché una vez: que nuestros dientes tienen la sustancia del Espíritu y están arraigados en la Verdad y coronados con el Amor. Lo tenía en mente cada vez que me cepillaba los dientes.
La realidad revelada implica un hermoso cambio de pensamiento. Esta es la definición de la oración contestada. Por la forma en que hemos acogido voluntariamente el punto de vista puro de Dios en nuestro pensamiento, demostramos la invalidez de una mentira acerca de Dios y el hombre.
Tenemos un solo cuerpo, una sola identidad, y ese cuerpo está compuesto únicamente de sustancia espiritual, incluyendo la verdadera idea espiritual del corazón.
La mayor comprensión que he obtenido a lo largo de los años es que Dios es Amor, y que la Mente divina infinita y omnipotente es inseparable de cada uno de nosotros, y nos ayuda a ver a través de las nubes del error hacia la Verdad divina y experimentar el bien que tenemos al alcance de la mano.
La gratitud no significa esperar a que las circunstancias cambien para poder ser felices; ¡La gratitud cambia las circunstancias!
Cuando entramos a la casa, mi mamá y yo hablamos de la lección que había aprendido ese día y de la verdad espiritual que también había aprendido.
Apoyarse en Dios es reconocerlo, y reconocerlo es estar agradecido. Si la gratitud es el precio de las bendiciones, ¡parece que vale la pena!