Todavía estoy en el proceso diario, momento a momento, de definirme espiritualmente. Pero es maravilloso saber que la sustancia de la que todos estamos hechos es eternamente espiritual y perfecta.
Ningún concepto, hipótesis o invención humana tiene la sabiduría, la claridad inherente o la percepción para lograr esto sin que la luz indispensable del Cristo atraviese la consciencia ligada a la materia e ilumine nuestra naturaleza únicamente espiritual.
La gratitud nos afianza en la bondad de Dios, fortaleciendo nuestra comprensión de su presencia y poder a cada momento. Disminuye nuestro temor cuando enfrentamos desafíos, porque sabemos que Dios, el Espíritu, es capaz de satisfacer cualquier necesidad que podamos estar enfrentando.
La alegría y el aprecio son innatos en nuestra verdadera consciencia que refleja a Dios por ser Su imagen, que refleja Su conocimiento espiritual. Entonces, la disposición para expresar, aunque sea una chispa de gratitud, es una oración que nos aparta de la obsesión con nuestros problemas y nos dirige hacia la comprensión espiritual.
Darme cuenta de que podía conectar el sentimiento de estar en casa con sentir la presencia reconfortante de Dios realmente me ayudó.
Me pareció crucial reconocer que el bien se estaba desarrollando en mi vida, especialmente cuando me sentía exhausta. La certeza de que Dios era mi ayuda muy presente, mi Roca y mi refugio no permitía que el sentido material me hiciera dudar de la verdad de que soy la imagen y semejanza de Dios por ser una idea espiritual.
La palabra camino expresa un sentido de seguir adelante, tal vez en el espíritu de que hace mucho tiempo los seguidores de Cristo Jesús hablaron de sus enseñanzas como “el camino”.
Una práctica que comencé y que marcó la diferencia fue hacer una lista diaria de gratitud. Cuando no podía concentrarme en nada más que en la oscuridad o el miedo, al menos podía estar agradecido por cosas obvias, como mi familia, los practicistas de la Ciencia Cristiana y mi hogar como un lugar donde podía calladamente conocer y amar a Dios.
Asistí a una Escuela Dominical de la Ciencia Cristiana desde niña y aprendí que Dios está en todas partes, por lo que pronto recuperé la sensación de seguridad. Asimismo, siempre había amado a todos los animales.
El dominio sobre la tierra incluye demostrar nuestra comprensión espiritual de que todas las cosas no están basadas en la materia, no son dañinas ni vulnerables al daño, sino que expresan para siempre la única sustancia: el Espíritu.