Al entrar en el edificio de oficinas, pensé en que las puertas siempre están abiertas para Dios y que no podía haber ningún impedimento para la manifestación divina del bien.
El fútbol era lo único que siempre me había hecho feliz, y la idea de que me lo quitaran me quebrantó.
Probablemente todos hemos tenido experiencias en las que cuanto más nos hemos esforzado por convencer a alguien de algo, más fuertemente lo han rechazado. Pero tal vez también hemos tenido conversaciones en las que sabemos que alguien comparte su perspectiva debido a su sinceridad y amor por nosotros.
La Ciencia Cristiana siempre ha sido mi roca, mi refugio, mi guía. Pero esta experiencia, más que todas las demás, fortaleció mi confianza en Dios, la Verdad divina y mi comprensión del reino de Dios.
El Cristo es el mensaje divino, que habla a nuestro propio pensamiento, calma nuestros temores, alivia nuestras preocupaciones y sana nuestros cuerpos.
Hubo momentos inspiradores en los que mi oración me mostró que podía estar segura de que sanaría. También hubo momentos difíciles: arrodillarme mentalmente y preguntarle a Dios qué más necesitaba saber para que se completara esta curación.
Shannon y mamá dijeron: “¡Gracias, Dios!” por mostrarles el verdadero concepto.
Las Salas de Lectura ofrecen una oportunidad para el descubrimiento, una conversación profunda cuando sea necesario y, sí, también hay silencio. Pero el silencio puede ser una bendición, ya que nos brinda la oportunidad de escuchar atentamente lo que Dios nos imparte mientras leemos y oramos.
Si nos resulta difícil sentir el amor sanador y transformador de Dios, sin duda es un paso útil en esa dirección apreciar el amor que ya está en nuestras vidas y reconocerlo como una evidencia de la presencia de Dios.
Supe que estaba completamente sano unas semanas más tarde cuando fuimos a andar en tubos neumáticos detrás de nuestra lancha rápida y pude aferrarme sin problema.