Cada vez que me pongo nerviosa o estoy preocupada, afirmar estas ideas sobre la espera me ayuda a recuperar mi confianza y paz, porque ilustran que el Amor divino siempre nos sostiene a todos en su cálido abrazo.
Al orar por un mejor gobierno humano en todo el mundo, podemos reconocer que, a pesar de las apariencias, los funcionarios del gobierno también son hijos de Dios, sabiamente guiados y controlados por la Mente omnisciente, Dios.
Queridos miembros: Estamos encantados y agradecidos de poder compartir con ustedes la feliz noticia de la reciente admisión de nuevos miembros de alrededor del mundo a La Iglesia Madre. Los nuevos miembros de nuestra familia mundial provienen de Alemania, Angola, Australia, Bangladesh, Benín, Botsuana, Brasil, Bolivia, Burkina Faso, Camerún, Canadá, Chile, Estados Unidos de América, Francia, Kenia, México, Namibia, Nicaragua, Nigeria, Nueva Zelanda, Perú, Reino Unido, República de Guinea, República del Congo, República Democrática del Congo, Sudáfrica, Taiwán, Tanzania, Togo, Uganda y Zimbabue.
También recuerdo algo más que tuvo un gran impacto en mí. Era la idea de que ni en la vida hay dolor, ni en el dolor hay vida. Ese pensamiento era un bálsamo; fue tan profundo para mí que en tres minutos el dolor desapareció por completo. Fue muy satisfactorio, una experiencia muy inspiradora.
Para que la presencia de Dios se vea y se sienta aquí y ahora, el pensamiento materialista necesita dar paso al pensamiento espiritual y cristiano.
A lo largo de los años, he tenido muchas pruebas del poder sanador de Dios a través de la comprensión y la práctica de la Ciencia Cristiana, que enseña que el hombre, como reflejo de Dios, es espiritual, no material.
La confianza en la omnipotencia y omnipresencia de Dios, el Espíritu, nos da la autoridad espiritual para silenciar el miedo y vencer la creencia de que la enfermedad es real y puede ser contagiosa. Al cuidar de nuestra familia, oré para sentir esa confianza espiritual.
A los amigos les preocupaba la posibilidad de que nuestra casa fuera embargada si no la vendíamos, y nadie pensó que encontraríamos un comprador. Pero yo estaba agradecida de que nuestra casa nos hubiera bendecido durante ocho años, y sabía que bendeciría a alguien más.
Mi firme adhesión y aceptación de la verdad acerca de la protección del hombre contra los peligros de la conducción también nos ha mantenido a salvo a mis familiares y a mí varias veces desde entonces.
Cuando se trata del Espíritu, no tenemos que esperar para recibir la herencia que “el Padre de las luces” nos está dando libremente momento a momento.