Nuestra individualidad como hijos de Dios, el Amor, existe completamente fuera del físico. Jamás está herida ni en peligro. ¡Nunca es picada por avispas!
Saber que el cuidado de Dios por mí era absoluto culminó en este momento salvador de escuchar a Dios y saber obedecer al instante.
Cada vez que me pongo nerviosa o estoy preocupada, afirmar estas ideas sobre la espera me ayuda a recuperar mi confianza y paz, porque ilustran que el Amor divino siempre nos sostiene a todos en su cálido abrazo.
También recuerdo algo más que tuvo un gran impacto en mí. Era la idea de que ni en la vida hay dolor, ni en el dolor hay vida. Ese pensamiento era un bálsamo; fue tan profundo para mí que en tres minutos el dolor desapareció por completo. Fue muy satisfactorio, una experiencia muy inspiradora.
De repente, sentí muy claramente que debíamos dejar de buscar, que Luka iba a volver. Casi me pareció como una orden seguida de una convicción total de que él regresaría a casa. Tan pronto tuve este pensamiento, me detuve en seco.
La comunicación espiritual se mueve en una sola dirección: desde Dios, la Mente divina, hasta Sus ideas: cada uno de nosotros. Poner cada pensamiento de acuerdo con el Cristo —con la verdadera idea de Dios— exige escuchar con diligencia. Esta escucha es una forma poderosa de oración que sana y cambia vidas.
Para que la presencia de Dios se vea y se sienta aquí y ahora, el pensamiento materialista necesita dar paso al pensamiento espiritual y cristiano.
La confianza en la omnipotencia y omnipresencia de Dios, el Espíritu, nos da la autoridad espiritual para silenciar el miedo y vencer la creencia de que la enfermedad es real y puede ser contagiosa. Al cuidar de nuestra familia, oré para sentir esa confianza espiritual.
Mi firme adhesión y aceptación de la verdad acerca de la protección del hombre contra los peligros de la conducción también nos ha mantenido a salvo a mis familiares y a mí varias veces desde entonces.
La curación se produce cuando nos damos cuenta de que nuestra identidad nunca puede ser cambiada en algo que no es. No hay ningún poder aparte de Dios, el Amor, así que no hay poder que pueda cambiarnos de lo que Dios ha hecho.