Aunque pueda parecer que otras voces ahogan la voz de la Verdad y su inspiración divina, Dios habla con infinito poder y autoridad y se escucha por encima del temor y la duda.
Al pensar en la experiencia, inicialmente me decepcionó que el bebé no se hubiera dado vuelta antes del nacimiento. Pero reconocí que se había aprendido una importante lección: que cualesquiera sean las circunstancias o cuán grave el pronóstico, la ley de armonía de Dios está siempre en operación.
Este Consolador, que Jesús prometió, nos fortalece al revelarnos y alentarnos acerca de nuestra inmortalidad y de la relación eterna de Dios con nosotros, Sus amados hijos. Este es “Emanuel, o 'Dios con nosotros’” (Ciencia y Salud, pág. xi), hoy y siempre.
Por un momento, el mundo se detiene realmente. Todo porque una vez, dos mil años ya hace, en la forma de un niño llegó a la tierra el divino mensaje: “Gloria a Dios en los cielos, y haya en la tierra paz, y buena voluntad entre los hombres”.
La Ciencia Cristiana enseña la importancia de apartarse del miedo en las crisis de salud. Hacerlo nos permite mantenernos conscientes de la verdad y aprovechar más la omnipotencia y omnipresencia de la bondad de Dios.
La incertidumbre puede parecer desalentadora, pero es posible apoyándose en Dios, el bien, y sabiendo que Él tiene las riendas.
Finalmente, un día me sentí impulsada a preguntarle a mi amiga si había un libro que pudiera leer para aprender más sobre las maravillosas ideas que compartía conmigo. Ella acababa de recibir un ejemplar del libro de Mary Baker Eddy Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras que había encargado, y me lo dio.
Se ha vuelto cada vez más claro para mí que no estamos gobernados por leyes sobre el sueño o el tiempo, ni por ninguna otra de las llamadas leyes materiales que sugieren limitaciones o el bien restringido.
Me había estado sintiendo desanimada e incluso abrumada por las diferentes tareas con las que estaba lidiando. Con todo el trabajo que había que hacer, sentía que no tenía suficiente tiempo para orar.
Esta experiencia me hace pensar en estas palabras: “Cuando despertemos a la verdad del ser, toda enfermedad, dolor, debilidad, cansancio, pesar, pecado, muerte serán desconocidos y el sueño mortal cesará para siempre” (Ciencia y Salud, págs. 218-219).