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No es un péndulo

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 6 de abril de 2026


Mi madre coleccionaba relojes antiguos. El tictac se escuchaba continuamente en cada habitación de la casa, y mi padre les daba cuerda todos los domingos por la tarde. Los relojes también daban campanadas, y cada péndulo oscilaba de un lado a otro, de un lado a otro. Los péndulos fueron el telón de fondo de mi infancia.

Los mecanismos de los relojes eran fascinantes y sus cajas hermosas; no obstante, los movimientos de un reloj no pueden influir ni dictar nada a nadie. He pensado en que el movimiento de un péndulo puede ser simbólico del imaginario “poder de un péndulo”. Ahora estoy aprendiendo que no estoy gobernada por ninguna entidad vacilante ni por un péndulo, porque todo poder verdadero proviene de Dios, la Mente única e infinita. La acción todopoderosa de la Mente es constante y siempre buena; no oscila entre la discordia y la armonía. No hay vaivén entre los altibajos, ni espectro que se extienda del bien al mal —solo la eterna plenitud, totalidad y pacífica acción de la Mente—. Y soy la expresión de la acción perfecta de la Mente divina.  

Mary Baker Eddy escribió en Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras: “El hombre no es un péndulo, oscilando entre el mal y el bien, la alegría y el pesar, la enfermedad y la salud, la vida y la muerte”, y que “… el gozo no puede convertirse en pesar, pues el pesar no es el amo del gozo; …” (págs. 246, 304).  

Reconocer y detener una mentalidad de péndulo es algo ante lo que ahora estoy mucho más alerta. Por ejemplo, el miedo y la ira me arrastraron durante la reciente temporada electoral de mi país y sus consecuencias. Pero esas emociones han sido controladas varias veces, ya que he reconocido que alejarse de todo conocimiento de  la omnipresencia, la omnipotencia y la totalidad de Dios, el bien, no es mi pensamiento. El gobierno de Dios es el único gobierno verdadero; y es estable y no está afectado por ningún péndulo político que oscile de izquierda a derecha y viceversa. “Dios es al mismo tiempo el centro y la circunferencia del ser” (Ciencia y Salud, págs. 203-204). Este centro y circunferencia es el Principio divino, el Amor y la Verdad, que lo gobierna todo, siempre.

En muchos contextos (como la familia, la comunidad local, la política y la iglesia), cuando me he molestado por las palabras o acciones de otros, mantenerme firme con lo que es espiritualmente verdadero y saber lo que Dios sabe —que somos hijos de Dios y habitamos en el reino de los cielos— ha moderado mi frustración. Así he podido expresar mejor la humildad, la calma e incluso la gratitud, poniendo freno a las percepciones y opiniones humanas de un lado u otro.

Esto no se aplica solo a las emociones relacionadas con temas polémicos y de gran envergadura. A veces, cuando trato de aprender algo nuevo, como conversar en español o un cambio en la tecnología, o intento recordar algo, mis pensamientos pueden ser capturados por sugestiones de péndulo como las siguientes: “No puedo hacer esto” o “Ya estoy mayor y estoy pasando por un “momento de confusión” o “Ya no aprendo tan fácilmente ni recuerdo como antes”. Pero entonces rechazo esas percepciones falsas sobre mí misma y mis capacidades.

No tener un poder de péndulo significa que no hay momentos de “lo entiendo y lo sé” que cambien a “no lo entiendo y no lo puedo recordar”. La expresión de Dios, el hombre, no puede ir y venir entre “lo entiendo” y “no lo entiendo”. Ciencia y Salud afirma: “Es imposible que el hombre pierda algo que es real, cuando Dios es todo y eternamente suyo” (pág. 302); y dice esto sobre la acción verdadera: “Ninguna facultad de la Mente se pierde. En la Ciencia, todo el ser es eterno, espiritual, perfecto, armonioso en toda acción” (pág. 407). También me encanta esto de la Biblia: “En ti, oh Señor, me refugio; jamás sea yo avergonzado” (Salmos 71:1, LBLA). Confiar en la Mente divina para informar y guiar nuestros pensamientos nos permite saber y hacer lo que es necesario o correcto.

Ahora, cuando reconozco una sugestión de péndulo, puedo refutarla mejor obedeciendo esta instrucción espiritual de Dios en la Biblia: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios” (Salmos 46:10). Estar quieto y atento a lo que Dios es y conoce aporta claridad y resolución.

Como cada uno de nosotros es una idea de la Mente, siempre reflejamos plenamente las cualidades de la Mente, que no pueden ser, como yo lo llamo, “pendulomizadas”. 

Es nuestro derecho, por ejemplo, conocer y experimentar el hecho espiritual de que la inteligencia no va y viene, sino que es una cualidad permanente reflejada por cada una de las ideas de Dios. Cuando detenemos el péndulo en nuestro pensamiento, podemos sentir la estabilidad y el dominio de estar bajo el control de la Mente divina.

También estoy aprendiendo que sentirse empujado y arrojado de un lado a otro es una tentación; la tentación de creer que hay más de un Dios, más de una Mente que nos guía, influye o controla a mí y a los demás. El poder y la presencia de Dios no fluctúan y no pueden ser socavados. La omnipotencia y la omnipresencia no pueden perderse, disminuirse ni desequilibrarse porque Dios —la Mente, el Espíritu, el Alma— es el Principio, Todo.

Las cualidades espirituales —tales como la sabiduría, la integridad, la claridad, la energía, la fuerza, la flexibilidad, la alegría y la paz— no nos pueden ser arrebatadas porque es Dios quien las otorga. ¡Así que paremos el péndulo! Podemos plantar nuestra consciencia en la constancia y la consistencia de Dios.

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