Skip to main content Skip to search Skip to header Skip to footer
Original Web

Cuidar de La Iglesia Madre

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 23 de marzo de 2026


Nuestro pequeño avión acababa de despegar del aeropuerto Logan de Boston. Las esporádicas nubes permitían ver solo parte del perfil de la ciudad por la ventana; sin embargo, cuando miré hacia abajo, justo debajo de mí estaba La Iglesia Madre. Se  erguía entre los altos rascacielos, hermosa en su sencillez y gracia. 

En mi mente, le pregunté a Dios: “¿Qué necesito hacer para ayudar a mantener esta iglesia segura?” La respuesta me vino: “Querida hija, no depende de ti. Es Mi iglesia. Soy lo suficientemente grande como para mantenerla a salvo de las maquinaciones de la existencia material. Tu trabajo es saber que lo estoy haciendo”. 

Me pregunté cómo podía aprender que el Amor divino cuida de Su amada iglesia. Al orar, la primera idea que me vino fue este consejo de la página 264 de Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, escrito por Mary Baker Eddy: “Tenemos que mirar hacia donde deseamos caminar y debemos actuar como poseedores de todo el poder de Aquel en quien tenemos nuestro ser”. Esto me indicó que debía mantener la atención en mis metas y actividades espirituales.   

La constancia de los servicios religiosos (todos los domingos y miércoles) a menudo me ha ayudado a volver al camino cuando me he desviado de la senda espiritual. El amor por la iglesia y el amor que se siente en la iglesia también me han hecho querer estar de acuerdo y aceptar las actividades que aumentan mi compromiso con el Espíritu infinito. Si pienso sistemáticamente de una forma más espiritual, permitiré más habitualmente que el Amor divino me guíe hacia adelante; y entonces, será más natural para mí aceptar que Dios tiene el control de la iglesia, mi vida y la de los demás. 

En el libro de los Salmos, David ora: “Señor, enséñame tu camino, y guíame por senda llana por causa de mis enemigos” (27:11, LBLA). Quería que la oración de David fuera también mía. Muchas Biblias, como la Amplified Bible y la New American Standard Bible, traducen la palabra “plano” como “nivelado”. ¿Cuál sería un camino nivelado que me mantendría a salvo de los enemigos? Un camino compatible con el crecimiento espiritual. Un camino lleno de aprecio por la constante presencia del Amor divino. Un camino de calma y dependencia firme en la Verdad.

En este salmo, no pienso que los “enemigos” son personas, sino hábitos y acciones que me llevarían por el camino equivocado; en este caso, cualquier cosa que me impida reconocer que el Amor divino mantiene a salvo a la iglesia. En ocasiones, la apatía, o la falta de interés, ha sido uno de esos enemigos. Pareciera como si casi todos los miércoles por la noche, me viniera la sugestión de que estoy demasiado cansada como para asistir a la reunión de testimonios de mi iglesia filial. Tengo que recordarme a mí misma que “el dormir y la apatía son fases del sueño de que la vida, la sustancia y la inteligencia son materiales” (Ciencia y Salud, pág. 249). 

Ceder a esta apatía retrasa mis esfuerzos por trabajar con alegría para la iglesia y disminuye mi deseo de reflexionar sobre las verdades espirituales en ese servicio del miércoles por la noche. La apatía puede tratar de obstaculizar mi progreso espiritual y hacer que no quiera, por ejemplo, celebrar servicios como Lectora, o puede impedirme leer la Lección Bíblica semanal todos los días. Necesito estar alerta ante este enemigo de mi crecimiento espiritual y no permitir que me desvíe del camino de la regeneración. 

También reconozco que, si me centro en la personalidad de alguien, este es otro enemigo que intenta sacarme del camino espiritual. Ciencia y Salud afirma claramente: “La personalidad no es la individualidad del hombre” (pág. 491). El enemigo de centrarse en la personalidad (en el temperamento, los defectos de carácter, los prejuicios, las actitudes, etc. de alguien) puede impedir que nos centremos en la permanencia y durabilidad de La Iglesia de Cristo, Científico, que fundó Mary Baker Eddy. El enemigo de ver a los demás miembros de la iglesia como seres humanos imperfectos intenta imposibilitar mi apoyo a la iglesia y a mis compañeros miembros. 

Una vez, otra mujer y yo fuimos elegidas para formar parte de la comisión directiva de nuestra iglesia filial. Sabía que el Amor divino había llevado a esta persona a presentarse a las elecciones, pero no estaba segura de que realmente tuviera algo concreto que aportar al trabajo de la comisión. Reconocí que esa sugestión era aceptar la personalidad en lugar de prestar atención a la individualidad espiritual que Dios nos ha dado a cada uno. Al final, resultó ser muy beneficioso tenerla en la comisión directiva. Su larga historia con los miembros y la iglesia nos ayudó a todos en muchas decisiones. Yo estaba muy agradecida de que el Amor la hubiera puesto allí y agradecida de haberme apartado de la personalidad. 

Otro enemigo a abordar es la sugestión de un ego humano. Me di cuenta de que mi primera pregunta a Dios, “¿Qué necesito hacer para ayudar a mantener esta iglesia segura?”, fue una pregunta egocéntrica. Asumía que tenía una individualidad aparte de la Mente divina y que dependía de mí hacer algo.

El egocentrismo lleva a pensar que somos personalmente responsables o que somos inadecuados o estamos abrumados. El Ego único es la Mente divina, y la Mente divina está a cargo de todos los aspectos de la iglesia: su crecimiento, su provisión, su unidad y alegría. Mi trabajo es saber que la Mente divina es capaz de llevar la iglesia hacia adelante en la vida de cada uno de nosotros, y está dispuesta a hacerlo. 

La Ciencia Cristiana —de la cual la iglesia es una demostración— es el Consolador que Jesús prometió. Podemos ser conscientes de la verdad de que no hay otra institución que nos haga imbuirnos de la renovación, la quietud, la regeneración que son inherentes a la iglesia. 

A medida que oraba, el propósito divino de la iglesia se volvía muy real para mí. Ciencia y Salud afirma: “La Iglesia es aquella institución que da prueba de su utilidad y se halla elevando la raza, despertando el entendimiento dor­mido de las creencias materiales a la comprensión de las ideas espirituales y la demostración de la Ciencia divina, así echando fuera los demonios, o el error, y sanando a los enfermos” (pág. 583). 

Y este versículo del libro de los Salmos explica mi trabajo al aceptar de qué es responsable el Amor divino, Dios —de supervisar y dirigir La Iglesia de Cristo, Científico: “Espera al Señor; esfuérzate y aliéntese tu corazón. Sí, espera al Señor” (27:14, LBLA)—. 

El amor, calidez y afecto de la iglesia están bellamente expresados en las palabras de la Sra. Eddy a una iglesia filial: “Amados hermanos: —Las filiales de La Iglesia de Cristo, Científico, cual ramas de árbol, están extendiendo rápidamente su amplio refugio al mundo entero. Vuestra fe no ha sido sin obras —y el amor de Dios por Su rebaño se manifiesta en Su cuidado. Él cultivará esta pequeña iglesia, podará las ramas que estorban, la regará con rocío celestial, fortalecerá sus raíces, y ensanchará sus términos con el Amor divino. Dios sólo aguarda a que el hombre merezca que Él aumente los medios y la medida de Su gracia. Ya tenéis pruebas de la prosperidad de Su Sion. Estáis sentados debajo de vuestra propia vid e higuera, que son vuestro crecimiento en espiritualidad —sí, de esa vid cuyo labrador es nuestro Padre” (Escritos Misceláneos 1883-1896, pág. 154).

Hoy, siento que el Amor divino cultiva La Iglesia de Cristo, Científico, poda sus ramas y la riega. Mi trabajo es aceptar la omnipotencia y la omnipresencia de este Amor. Mi trabajo —que estoy tan dispuesta a hacer porque me da mucha alegría— es seguir creciendo espiritualmente y aceptar la totalidad y unicidad de Dios. La Iglesia de Cristo, Científico, es inexpugnable en medio de los obstáculos y los intentos de interferencia de la existencia material, porque representa “la estructura de la Verdad y el Amor; todo lo que descansa sobre el Principio divino y procede de él” (Ciencia y Salud, pág. 583). Está construida y mantenida por el Amor divino y, por lo tanto, está continuamente segura y a salvo.

Para explorar más contenido similar a este, lo invitamos a registrarse para recibir notificaciones semanales del Heraldo. Recibirá artículos, grabaciones de audio y anuncios directamente por WhatsApp o correo electrónico. 

Registrarse

Más artículos en la web

La misión del Heraldo

 “... para proclamar la actividad y disponibilidad universales de la Verdad...”

                                                                                                          Mary Baker Eddy

Saber más acerca del Heraldo y su misión.