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El poder sanador del Alma

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 21 de mayo de 2026


Muchas tradiciones religiosas enseñan que alguna forma de esencia o conciencia espiritual existe en un cuerpo físico y luego continúa tras la muerte, quizá para regresar a otro ciclo corporal. Sin embargo, con toda nuestra investigación científica, no tenemos ninguna evidencia material de la existencia de dicha alma, ni de que haya entrado o salido de un cuerpo, ni teoría probada sobre su mecanismo o medios, ni evidencia de su supuesta inmortalidad. ¿Cómo explicamos eso?

La Ciencia Cristiana enseña que el Alma es Dios, el Espíritu, así que el Alma debe ser espiritual y eterna porque Dios lo es. Además, solo puede haber un Alma porque hay un solo Dios. La creencia en muchas almas es tan inverosímil como la creencia en muchos dioses. El Primer Mandamiento dice: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:3).

La Lección Bíblica de esta semana del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana sobre el tema “Alma y Cuerpo” identifica algunas ideas clave para ayudarnos a comprender mejor cómo la Ciencia Cristiana aborda estos conceptos de una manera única y espiritualmente científica.

La Fundadora de la Ciencia Cristiana, Mary Baker Eddy, escribió en Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras: “Puesto que el Alma y el Espíritu son uno, Dios y el Alma son uno, y este uno jamás está encerrado en una mente limitada o en un cuerpo limitado” (pág. 335). Y: “El hombre no es una morada ma­terial para el Alma; él mismo es espiritual” (pág. 477). Por lo tanto, lo que nos anima no es un alma interna ni personal, sino el reflejo infinito de un Dios infinito, eterno, que abarca todo.

El nacimiento y la muerte humanos no tienen nada que ver con la vida espiritual y eterna del hombre, creada y mantenida por el Alma, Dios. La muerte no puede ser el camino hacia el paraíso espiritual, porque como creación de Dios existimos para siempre en Su perfección. Comprender el Alma nos ayuda a liberarnos del miedo a la muerte, nos permite celebrar nuestra inmortalidad y nos sana.

Cristo Jesús alimentó a una multitud con solo cinco panes y dos peces; algo que habría sido imposible si él hubiera dependido de los mínimos recursos físicos disponibles. No obstante, fue totalmente natural para el pensamiento lleno de la comprensión de Dios como Alma. Tales obras sanadoras solo son posibles porque hay un Alma infinita que todos reflejamos, que jamás podría estar confinada en un cuerpo humano. Nosotros también podemos ser alimentados y sanados al reconocer el poder del Alma y comprender que reflejamos el Alma.

Valorar ese pensamiento me sanó de una enfermedad de la piel que se había ido extendiendo incesantemente. Un médico de cabecera me examinó y dijo que no había ningún tratamiento conocido para este problema, y que era algo con lo que tendría que aprender a vivir. Proporcionó algo de orientación higiénica, pero demostró ser inútil.

Entonces, una noche, oré, pensando profundamente en Dios como mi Padre-Madre. Me sentí reconfortado al pensar que mi Padre espiritual me ama infinitamente, y que, como hijo de Dios, reflejo Su perfección espiritual, que no puede contenerse ni sufrir dentro de un cuerpo humano. A la mañana siguiente, me desperté y descubrí que la piel afectada se había desprendido de forma muy natural y había dado paso a una piel completamente limpia y fresca. Y ahí terminó el problema.

La Biblia dice: “Resplandecerás, serás como la mañana” (Job 11:17, KJV). Cuanto más comprendamos a Dios como Alma, más veremos, como yo hice, la realidad y el poder de estas palabras.

Si eres nuevo en las Lecciones Bíblicas semanales del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana, puedes aprender más sobre ellas aquí: https://biblelesson.christianscience.com/es/

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