Skip to main content Skip to search Skip to header Skip to footer
Original Web

Enfrenta cualquier “lista interminable” con el Amor

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 27 de abril de 2026


¿Sientes a veces como que tienes una “lista interminable” de cosas por resolver en tu vida? Tal vez te preguntes: “¿Por dónde empiezo?” o quizá “Tengo muchas cosas que resolver; pensaré en todo esto más tarde”. ¡Siempre hay algo por lo que debemos orar!

Cuando oro, recurro a la Biblia y al libro de texto de la Ciencia Cristiana, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, escrito por la Descubridora y Fundadora de la Ciencia Cristiana, Mary Baker Eddy. Estudiar estos libros me da una comprensión más clara de que el hombre —la verdadera identidad de cada uno de nosotros— es la expresión de Dios, plena y completa, y que la oración es segura, infinitamente útil y no es una especulación.

Soy practicista de la Ciencia Cristiana, y a veces, cuando la gente me pide un tratamiento de la Ciencia Cristiana, me dicen que están lidiando con un montón de problemas y añaden: “No sé por dónde empezar, pero comencemos por esto”. Y primero abordo sus pensamientos de la “lista interminable de problemas por resolver” y sus abrumadores sentimientos de “¿por dónde empiezo?” Respondo directamente a esto con la oración, sabiendo que el hombre, el hijo de Dios, es espiritual y ya está libre —jamás se siente abrumado, perdido, confundido, discordante, quebrantado, superado ni limitado de ninguna manera—.  

Al orar, afirmo que la mano amorosa de Dios siempre está al mando y que podemos confiar en la eficacia de la Ciencia Cristiana, sabiendo plenamente que es demostrable. Estoy agradecida por comprender que la oración arroja luz sobre cualquier creencia falsa que deba ser suprimida para que podamos reconocerla y eliminarla, y recibir con agrado la luz de la Verdad en nuestro pensamiento.

Recuerdo concretamente una mañana hace unos años, en la que sentí que tenía una lista interminable de cosas por hacer; parecía que había muchas cosas que necesitaban sanar. Pero sabía con todo mi corazón que recurrir a la Biblia y al libro de texto de la Ciencia Cristiana produciría un cambio de rumbo en mi pensamiento, trayendo un sentido de dominio y el reconocimiento de que la ley de Dios tenía el control completo y armonioso.

Esa mañana en particular, mi práctica estaba extremadamente ajetreada. También sentía un dolor en el cuerpo; tenía desafíos en mi matrimonio; un familiar necesitaba que lo visitara dos veces ese día, y estábamos poniendo en orden la documentación para que uno de los chicos asistiera a la universidad (los educábamos en casa, así que había el triple de papeleo habitual). Y pensé: “Dios mío, ¿por dónde empiezo?” La respuesta fue la siguiente: “¡Menos de mí y más de Dios!” Sí, empieza con Dios.

Bueno, abrí Ciencia y Salud, y allí, en la primera página del Prefacio, dice: “El pastor vigilante con­templa los primeros tenues rayos del alba, antes que llegue el pleno resplandor de un nuevo día” (pág. vii). Era un pensamiento muy hermoso y tranquilizador: el mensaje del Cristo, el mensaje del tierno amor de Dios por la humanidad.   

Pensé en el “pastor vigilante” como si este fuera yo, y vi que el pleno resplandor de la obra de Dios ya estaba completo y se expresaba en mi día. Comprendí que Dios, el Espíritu, estaba siempre presente y que yo era una idea espiritual íntegra y completa, al igual que todos por los que oraba. Simplemente me sentí bañada en la hermosa luz sanadora del Cristo. 

Lo que vino con esto traía consigo un antiguo refrán que nunca antes había usado y  está relacionado con el trabajo incansable. Algunas fuentes en línea dicen que su origen tiene que ver con la molienda del grano, otras con las herramientas para afilar. Lo que escuché de Dios fue: “No pongas la nariz en la piedra de afilar. Yo soy Todo, y tú eres Mía”.

Razoné acertadamente: “En verdad, no estás cambiando ni reparando nada. No estás trabajando incansablemente para mejorarte a ti misma, mejorar tu propia iglesia, tu práctica, tus hijos o tu cuerpo”. Fue simplemente ese momento de ver verdaderamente a Dios. Me di cuenta de que todo es de Dios; es la obra de Dios, y todo es bueno.

Fue el momento de eliminar las creencias falsas y sumergirse por completo en la comprensión espiritual. Ciencia y Salud dice: “La creen­cia es mudable, pero la comprensión espiritual es inmutable” (pág. 96). ¡Oh, me encanta este pensamiento!

Quiero señalar aquí que había estado orando por una marca en el puente de mi nariz que había crecido a lo largo de varios años y que normalmente cubría con maquillaje. No estaba orando específicamente por eso esa mañana. Pero después de escuchar ese hermoso mensaje de no meter mi nariz en la piedra de afilar y pensar más en estar “en los negocios de mi Padre” (Lucas 2:49), me volví hacia un espejo cercano, me miré y sonreí. Dije: “Eres la idea espiritual y perfecta de Dios”. Luego volví a trabajar. Y realmente fue un momento de oración, de simplemente comprender mi unidad con Dios y reemplazar una visión limitada y mortal con la luz de la Verdad y el Amor divinos.

En muchas historias bíblicas, Cristo Jesús muestra nuestra unidad con Dios. Y realmente recurrí y me apoyé en ese pensamiento y en el espíritu de esta cita de Ciencia y Salud: “Jesús de Nazaret en­señó y demostró la unidad del hombre con el Padre y por esto le debemos homenaje eterno” (pág. 18). Bueno, mi lista interminable de cosas por resolver empezó a disolverse, al igual que mis pensamientos llenos de ansiedad.  

Todo se arregló. El dolor en mi cuerpo desapareció y pude moverme con libertad; mi querido marido y yo resolvimos las cosas; ese día visité dos veces al familiar que me necesitaba, y pasamos gratos momentos juntos ; ¡entregamos toda la documentación (y a tiempo, ¡lo cual fue increíble!); y mi práctica encontró esa misma estabilidad; una estabilidad que continúa. Lo más importante es que fue un día lleno de conversaciones productivas, oración y curación.

Pero, lo que también me conmovió mucho fue que, al día siguiente, esa marca en mi nariz había desaparecido por completo. La piel estaba totalmente suave, y agradecí mucho por esta curación. Había aprendido una lección más elevada e integral sobre la oración.

Ciencia y Salud dice en el capítulo “La Ciencia del ser”: “La metafísica divina explica la nada de la materia. El Espíritu es la única sustancia y única consciencia reconocidas por la Ciencia divina. Los sentidos materiales se oponen a esto, pero no hay sentidos materiales, porque la materia no tiene mente...

“Por tanto, a medida que nos acercamos al Espíritu y a la Verdad, dejamos de estar conscientes de la materia” (pág. 278). Y siento que eso fue lo que pasó. Realmente perdí toda sensación de temor basado en la materia que sugiriera desorden o malestar y sentí el amor que todo lo envuelve del Espíritu, Dios y la poderosa sabiduría e inteligencia de la Verdad divina.

Así que si alguna vez sientes que tienes una lista interminable de cosas que resolver o por las que orar y te preguntas por dónde comenzar, empieza con Dios. Escucha al Amor divino, y el mensaje sanador del Cristo te liberará. Se escuchará, se sentirá y se verá.

Para explorar más contenido similar a este, lo invitamos a registrarse para recibir notificaciones semanales del Heraldo. Recibirá artículos, grabaciones de audio y anuncios directamente por WhatsApp o correo electrónico. 

Registrarse

Más artículos en la web

La misión del Heraldo

 “... para proclamar la actividad y disponibilidad universales de la Verdad...”

                                                                                                          Mary Baker Eddy

Saber más acerca del Heraldo y su misión.