Hace muchos años, cuando era una estudiante nueva de la Ciencia Cristiana, tuve una experiencia que realmente cambió mi vida. Tenía un perro que era mi fiel compañero y, de repente, comenzó a sufrir un gran dolor y apenas podía moverse. Inmediatamente lo llevé a una prestigiosa clínica veterinaria y, durante varias semanas, el equipo de profesionales hizo todo lo posible por ayudarlo. Pero nada parecía aliviar el sufrimiento de mi perro ni curarlo de la enfermedad que, según ellos, le estaba causando una deformación de la columna vertebral y parálisis.
Al final, un viernes por la mañana, me dijeron que ya no podían hacer nada más; que me llevara el perro a mi casa, y sugirieron que cuando me sintiera lo suficientemente fuerte, volviera para ponerlo a dormir.
Lo llevé a casa y lo acosté en una almohada grande. Puse a su lado agua y comida. Sabía que Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras de Mary Baker Eddy era un libro sobre la curación y que muchas personas habían sido sanadas solo con leerlo. Estaba tan triste, que recurrí al libro en busca de consuelo, fortaleza y comprensión de cómo afrontar esta situación tan angustiosa.
Se me ocurrió que debía sentarme junto al perro y leer el libro en silencio. Y eso fue lo que hice, todo el fin de semana. Para ser sincera, no tenía grandes expectativas. El perro no se movió, no bebió, no comió —no hizo nada— en todo el fin de semana.
El lunes por la mañana sonó el timbre, y era un amigo de la familia que también era muy amable con mi perro. Había venido a verlo porque yo le había contado nuestra triste historia. De repente, el perro corrió hacia la puerta, saltando de aquí para allá y ladrando. Yo no podía creer lo que estaba viendo.
Cuando mi amigo abrió la puerta, me preguntó: “¿Qué historias me has estado contando? ¡El perro está perfectamente bien!” Después de que mi amigo se fue, saqué al perro a pasear por el parque durante una hora o más, y estaba totalmente restablecido. Lo volví a llevar a la clínica, como había prometido, y no entendieron muy bien lo que había ocurrido. Lo examinaron y vieron que estaba normal como siempre. Nunca volvió a experimentar esa dolorosa condición. De hecho, vivió muchos años más hasta ser de edad bastante avanzada para un perro.
Para mí, este fue un punto decisivo en mi comprensión espiritual. Había captado un destello de la realidad espiritual fundamental de la existencia: la perfección de todas las criaturas y la creación de Dios. La experiencia me llevó a mirar más allá de lo que los sentidos físicos limitados nos dicen sobre el mundo y sobre nosotros mismos.
Comencé un estudio mucho más profundo del libro de texto de la Ciencia Cristiana, Ciencia y Salud, a través del cual he llegado a conocer mejor a Dios y las leyes espirituales que gobiernan al hombre y al universo. Como escribe la Sra. Eddy, “La Verdad es una revelación” (pág. 117).
En las décadas transcurridas desde esta curación, el libro de texto ha sido mi compañero y guía constantes. Me ha abierto la puerta para ir descubriendo la maravilla de la Ciencia divina.
Eva Hannikainen
Madrid, España
