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No más problemas del corazón ni condenación propia

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 13 de abril de 2026


Comparto este testimonio con un corazón agradecido. Mary Baker Eddy nos guía en tiempos de necesidad con el siguiente pasaje de Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras: “No hay metástasis, no hay interrupción de la ac­ción armoniosa, no hay parálisis. La Verdad no el error, el Amor no el odio, el Espíritu no la ma­teria, gobierna al hombre. Si los estudiantes no se sanan prontamente a sí mismos, deberían acudir sin demora a un Científico Cristiano experimentado para que los ayude. Si no están dispuestos a hacer esto para sí mismos, sólo necesitan saber que el error no puede producir esta renuencia innatural” (pág. 420).

Durante varios años, mi corazón a veces latía con fuerza o palpitaba de forma inesperada. Como había aprendido a detener las palpitaciones usando una técnica de respiración hasta que el corazón volviera a la normalidad, el problema me molestaba más de lo que tenía miedo, así que tendía a ignorarlo. Al recordar ese periodo, veo que mi actitud era la de una “renuencia innatural”. Había estado desatendiendo el problema e incluso aceptándolo como algo normal en lugar de tratar —y destruir— la pretensión de que un problema es infundado, como podemos hacer al poner en práctica las enseñanzas de la Ciencia Cristiana.

Entonces, una noche hace más de cuatro años, mi corazón empezó a latir descontroladamente y me costaba respirar. Tuve mucho miedo; mi técnica habitual para detener las palpitaciones no funcionó. 

Sabía que mi primer paso para darme a mí mismo un tratamiento de la Ciencia Cristiana era disipar el miedo. De inmediato, pensé en “la declaración científica del ser”, que se encuentra en la página 468 de Ciencia y Salud. Orando desde el punto de vista de que “no hay vida, verdad, inteligencia ni sustancia en la materia. Todo es la Mente infinita y su manifestación infinita, pues Dios es Todo-en-todo”, encontré algo de alivio y seguí orando con fervor. Al mismo tiempo, sin embargo, también me reprochaba a mí mismo por haber vivido con esta dolencia durante tanto tiempo.

Muchas citas tanto en Ciencia y Salud como en la Biblia fueron muy útiles. Un pasaje de Ciencia y Salud decía: “Dios es tan incapaz de producir el pecado, la enfermedad y la muerte como de experimentar estos errores. ¿Cómo es posible, entonces, que Él haya creado al hombre para que estuviera sujeto a este trío de errores, —el hombre que está hecho a la semejanza divina—?...

“Con toda justicia, debemos admitir que Dios no castigará al hombre por hacer lo que Él creó al hombre capaz de hacer, y que sabía de antemano que el hombre haría. Dios es ‘muy limpio... de ojos para ver el mal’. Sostenemos la Verdad, no aceptando, sino rechazando una mentira” (págs. 356-357). 

Esto me liberó de la autocondena —de cualquier sentimiento de que yo merecía ser castigado— por mi anterior inacción, y me recordó que el problema podría verse como la idea errónea de que un corazón tiene algún poder sobre la Vida, Dios. 

La palabra corazón aparece más de cien veces tan solo en el libro de los Salmos, y ver el concepto de corazón desde una perspectiva espiritual puede ayudarnos en tiempos de angustia. He aquí dos citas que me ayudaron a calmar mi temor, al elevar mi pensamiento a un nivel espiritual y permitirme tener dominio durante los siguientes días: “A ti, oh Señor, elevo mi alma... Las angustias de mi corazón han aumentado;
sácame de mis congojas”, y “Esforzaos, y aliéntese vuestro corazón, todos vosotros que esperáis en el Señor” (Salmos 25:1, 17; 31:24, LBLA).

En mis oraciones, sabía que no estaba informando a Dios de que necesitaba liberarme de una condición, ya que entendía que Dios, el Espíritu, no sabe nada sobre las enfermedades, lesiones ni anomalías. De mis numerosas curaciones en la Ciencia Cristiana, he aprendido de primera mano que no se trata de cambiar la materia de mala a buena. Por supuesto, quería una curación permanente, pero sabía que esta solo llegaría al comprender que soy totalmente espiritual y estoy incluido en la totalidad de Dios, en la cual la materia, lo opuesto al Espíritu, es irreal y, por lo tanto, desconocida. Esto significa que no puede haber “ninguna interrupción de la armonía ni retorno a ella”, como se afirma en Ciencia y Salud (págs. 470-471). Siempre estoy protegido en el Amor divino, y “no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre?” (Salmos 56:4).

Durante los días siguientes, el tratamiento de la Ciencia Cristiana por parte de diferentes practicistas de la Ciencia Cristiana (en distintos momentos) fue un gran apoyo para ayudarme a tomar conciencia de la realidad espiritual, lo que me trajo alivio. Hablamos del hecho de que mi vida es completamente espiritual y que el Dios omnipotente, el bien, nunca me pondría en una situación en la que ni Él ni Su creación pudieran enfrentarse a un adversario más poderoso que Él. Me puse totalmente de acuerdo con lo que es verdad sobre Dios. Las palpitaciones disminuyeron a medida que aumentaba mi comprensión de la totalidad de Dios.

Durante las semanas siguientes, las palpitaciones más leves se manifestaron solo de forma esporádica hasta desaparecer por completo. Ya no usé métodos de respiración para tratar de detenerlas, sino que mantuve mi postura al comprender que este asunto era una ilusión a la luz de la totalidad de Dios. Desde entonces, no he vuelto a experimentar este problema en los muchos años que han transcurrido. 

Estoy muy agradecido de contar con la Ciencia Cristiana, que me permite demostrar que “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones” (Salmos 46:1).

Bill Flatley
Hancock, New Hampshire, EE. UU.

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