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Podemos orar sobre las preocupaciones de “una iglesia que está envejeciendo”

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 26 de marzo de 2026


Sentada al fondo del auditorio de la iglesia, observaba a la gente caminar por el pasillo y encontrar asientos para prepararse para el servicio. Mi filial de la Iglesia de Cristo, Científico, tiene un auditorio bastante grande, y tenemos lo que podría llamarse una congregación de buen tamaño. Así que, a medida que se iban llenando los asientos, vi a muchas personas de diferentes orígenes, razas, etc. Pero una cosa parecía común en la mayoría de los feligreses: su grupo de edad. ¿Dónde estaban los jóvenes? Me parecía que no había nadie de los grupos milenial o de la Generación Z.

Siempre me ha alentado mucho que la Iglesia se defina espiritualmente en el Glosario de Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, en parte, como “la estructura de la Verdad y el Amor; todo lo que descansa sobre el Principio divino y procede de él (Mary Baker Eddy, pág. 583). Y he notado que la palabra estructura puede ser un verbo, no solo un sustantivo. Como verbo, se refiere a construir activamente algo en lugar de a una estructura terminada. Así que, para mí, esta parte de la definición indica que la Iglesia siempre se está ampliando, expandiendo y desenvolviendo como una idea espiritual. En la Mente, Dios, ya es y para siempre será una idea completa, no obstante, está “floreciendo” continuamente en nuestra comprensión y experiencia individual y colectiva, así como un capullo de rosa es una idea completa, pero debe desplegarse pétalo a pétalo para revelar toda su fragancia y belleza.

Razoné que, dado que la Iglesia es una idea activa, es una de las “ideas correctas” a las que se refiere la respuesta a la pregunta “¿Qué es el hombre?” en Ciencia y Salud: “Es la compuesta idea de Dios, e incluye todas las ideas correctas” (pág. 475). Espiritualmente hablando, entonces, la Iglesia no es algo a lo que asistimos o busquemos, sino que ya es parte integral de nuestro ser. Cada uno de nosotros incluye la idea correcta de Iglesia, así como cada uno refleja individualmente a Dios como Verdad, Amor y Principio en nuestra verdadera identidad como “la imagen y semejanza espirituales de Dios; la representación plena de la Mente” (Ciencia y Salud, pág. 591).

Pensé en los estudiantes que asistían a la Escuela Dominical esa mañana. Como la Escuela Dominical está abajo en nuestro edificio, a menudo no vemos a los estudiantes hasta después del servicio, pero el último domingo de cada mes se unen a nosotros para el último himno. Siempre es un placer ver a este grupo tan animado de niños, y esto nos recuerda que son parte activa de nuestra iglesia. Pero, me preguntaba, ¿asistirán a los servicios religiosos después de graduarse de la Escuela Dominical a los veinte años? ¿Tendríamos, en unos años, más asistentes a la iglesia que representaran a la población más joven?

Vi que la constante oración por nuestras Escuelas Dominicales como parte integral de la idea espiritual de Iglesia es necesaria para ayudar a cumplir esa expectativa —no solo en el futuro, sino ahora—. Cada estudiante, hasta el más joven, representa esa idea compuesta, el hombre. Cada uno ya incluye la idea correcta de la Iglesia en su identidad como imagen y semejanza de Dios. Y es justo esperar que esa idea se exprese en la vida de cada individuo, independientemente de su edad. Cada uno de nosotros, cualquiera sea la etiqueta humana generacional con la que se nos asocie, es eterno —no tiene edad— por ser la idea espiritual de Dios, de modo que la atracción hacia la Iglesia no tiene designación de edad. 

A medida que mi pensamiento persistía en este concepto, reconocí activamente el hecho espiritual de que la verdadera Iglesia debe estar llena de ideas eternas de Dios porque es una estructura eterna, no una organización material. 

Si bien es cierto que no necesitamos preocuparnos por la edad ni permitir que eso nos impida valorar la contribución de cada persona, es natural que veamos la plenitud de la creación de Dios expresada en diferentes generaciones que participan con entusiasmo en la iglesia. La segunda parte de la definición de Iglesia del Glosario es “aquella institución que da prueba de su utilidad y se halla elevando la raza, despertando el entendimiento dor­mido de las creencias materiales a la comprensión de las ideas espirituales y la demostración de la Ciencia divina, así echando fuera los demonios, o el error, y sanando a los enfermos”. Tiene sentido que participar en la iglesia requiera tiempo y talento de cada uno de nosotros, no deje a nadie fuera y sea inclusiva, valorando a todos. Y requiere pensar en el futuro, no quedarse anhelando el pasado. 

La visión para la iglesia requiere que veamos que el “reino de los cielos” está aquí y ahora, como enseñó Jesús, mientras que al mismo tiempo miramos hacia adelante con la expectativa de todo el bien que expresar la verdadera idea de Iglesia puede hacer por nuestra comunidad y el mundo. 

Así que, a lo largo de ese servicio, afirmé que la Iglesia ya refleja plenamente todas las cualidades de la Vida, Dios, incluidas todas las asociadas con la juventud, como el vigor, la vitalidad, la alegría, la frescura, la inspiración, el poder, la fuerza, el progreso, la continuidad y la renovación. Estas cualidades en realidad no tienen nada que ver con la edad, sino todo que ver con la Vida, Dios, y son eternas, inmortales y no son disminuidas por los indicadores falsos como es el tiempo.

Esa mañana, abracé el hecho espiritual de que la frescura y la inspiración ya son parte activa de la Iglesia y, por tanto, de la organización de la iglesia, y saber esto produjo un cambio significativo en mi perspectiva. Dondequiera que parezca que hay disminución y carencia, podemos cambiar nuestra perspectiva hacia la aceptación — incluso la insistencia en— el hecho espiritual de que la Iglesia, como estructura de la Verdad y el Amor, incluye una expansión atemporal e incesante, o crecimiento espiritual, que es “el eterno mandato de la Mente” (Ciencia y Salud, pág. 520).

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