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Pude pagar la universidad

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 20 de abril de 2026


Nuestra hija había optado por una universidad privada de artes y humanidades a muchos kilómetros de casa. Su mamá y yo la apoyamos durante el proceso de selección mientras evaluaba varias opciones, incluida una universidad en nuestra ciudad; y sentí que Dios había guiado su elección. 

Sin embargo, en un momento dado, mientras la llevábamos a la universidad para empezar su primer año, nos preguntó si podíamos permitirnos enviarla a esa universidad. Le respondí que lo único que ella necesitaba era tener una experiencia universitaria profundamente gratificante, y que su mamá y yo sabíamos y afirmábamos el hecho espiritual de que la provisión de nuestro Padre-Madre Dios estaba ahí para todos Sus hijos, incluida ella. Aunque en ese momento yo no sabía de dónde vendría el dinero, confiaba en que, así como Dios, el Amor, había guiado a nuestra hija a elegir su universidad, el Amor proporcionaría la provisión completa para que ella asistiera. 

No obstante, su pregunta era apropiada. Mi negocio actual, del que era copropietario, estaba en declive. Había llegado a la conclusión de que mi futuro empleo sería en otro sitio, pero debido a mi trayectoria profesional anterior, mi currículum no parecía muy atractivo para el mercado. Aunque todo esto parecía una difícil perspectiva, a través de mi estudio y práctica de la Ciencia Cristiana había aprendido a confiar en Dios.  

Al principio de mi carrera, hubo un tiempo en que mi empresa de consultoría de software tenía poco trabajo. Había llamado a todos mis contactos y dado todos los pasos que sabía que debía dar. La economía estaba difícil y muy pronto tendría que pagar las nóminas. Desesperado, le pedí a un practicista de la Ciencia Cristiana que me diera un tratamiento mediante la oración. Pensamos en la “actividad correcta” como usa el término Mary Baker Eddy: “Lo infinito no será enterrado en lo finito; el pensamiento sincero escapa de lo interior a lo exterior, y ésta es la única actividad correcta por medio de la cual alcanzamos nuestra naturaleza más elevada” (La Primera Iglesia de Cristo, Científico, y Miscelánea, pág. 159). Me di cuenta de que no estaba buscando “trabajo”, sino la actividad correcta de reflejar y expresar a Dios.

Pocos días después, recibí la llamada de un hombre al que solo había visto una vez antes. Necesitaba mucho trabajo de lenguaje de software y quería que empezara de inmediato. ¿Podía yo hacerlo? Estaba más que dispuesto a hacerlo. Al día siguiente estaba en su oficina, y poco después tenía un contrato grande. Fue un momento decisivo para mi negocio, que creció con los años. Para mí esto fue fundamental. Fue como si Dios me hubiera dicho: “Yo me encargo”. Si un amigo de confianza nos dijera eso, ¿no nos sentiríamos tranquilos y cuidados? ¡Cuánto más cuando nuestro amoroso Padre-Madre nos dice que confiemos en Él! 

Pero ahora necesitaba un nuevo comienzo. En su libro La unidad del bien, la Sra. Eddy hace esta referencia a nuestra carrera: “Ahora bien, este mismo Dios es nuestra ayuda. Él nos compadece. Él tiene misericordia de nosotros y dirige todas las actividades de nuestra vida. Él está cerca de aquellos que Le adoran. Comprenderle —sin una sola mácula de nuestro sentido mortal y finito de pecado, enfermedad o muerte— es aproximarse a Él y asemejarse a Él” (págs. 3-4). 

En lugar de representar “las actividades de nuestra vida” como una progresión de oportunidades y ocupaciones humanas, este pasaje me indica claramente que es una expresión del amor de Dios por Su creación y que, a medida que comprendemos esto, el bien se manifiesta para nosotros de manera práctica. 

Si tenemos miedo, puede ser difícil confiar en que podemos contar con Dios. Tal vez nos sintamos tentados a intentar encontrar una solución por nuestra cuenta o quizá querer analizar la solución de Dios para ver si nos resulta aceptable o si creemos que funcionará. Sin embargo, dejar de lado el temor y cualquier creencia de que el bien es limitado o está fuera de nuestro alcance nos permite escuchar los pensamientos de Dios que nos guían y nos tranquilizan. Estas ideas son nuestras por derecho de nacimiento como hijos de Dios y abren el camino para que el bien se desenvuelva en nuestra experiencia. 

Eso fue lo que me pasó a mí. En las semanas después de dejar el negocio del que era copropietario, todas las nuevas ideas sobre el negocio que probé se desvanecieron. Lo único que quedó fue reescribir el software para el negocio de mi esposa. Hice esto, asegurando la operación de su cliente más grande. Sin embargo, no teníamos ingresos estables. En ese momento, nuestra segunda hija eligió la misma universidad que su hermana, lo cual aumentó nuestras necesidades económicas.

No obstante, nunca nos faltó dinero ni nada de lo que necesitábamos. Por ejemplo, en un momento dado, mi antiguo empleador me pidió que volviera temporalmente como consultor, y eso pagó las facturas ese mes. Siempre había justo lo suficiente.

Luego, unas diez semanas después de que nuestra hija menor empezara la universidad, surgió una situación política complicada en el lugar donde vivíamos y la demanda de nuestro producto de software aumentó considerablemente. Teníamos todo el negocio que podíamos manejar, y la empresa siguió creciendo. Seguimos confiando en Dios y siempre tuvimos fondos suficientes para los siguientes pasos. Las vacaciones eran modestas, pero llenas de alegría con las visitas de nuestras hijas y sus amigos.

Cuando confiamos en Dios, Él nos guía hacia una comprensión más clara de Su abundante provisión para nosotros. Nuestra gratitud por la provisión pasada nos da una creciente confianza en Su cuidado infalible.  

David Watson
Tallahassee, Florida, EE. UU.

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