A mi hijo le encanta escuchar himnos antes de irse a dormir todas las noches. Cuando era preescolar, uno de sus favoritos era el Himno 500 de Susan Booth Mack Snipes, del Christian Science Hymnal: Hymns 430–603. El estribillo dice en parte: “Tiernas misericordias, oh tiernas misericordias, / tiernas misericordias me sostienen”.
En un momento dado, comenzó a tener pesadillas con mucha frecuencia. Mi marido y yo intentamos razonar con él y seguir consejos en línea para solucionar el problema, pero nada funcionaba. Entonces, una noche antes de dormir, hablamos con él y le dijimos que la próxima vez que tuviera un sueño aterrador, le preguntara a Dios qué necesitaba saber. Hacerlo le permitiría ver que Dios realmente tenía el control de la situación.
Lo primero que contó nuestro hijo a la mañana siguiente fue que había tenido una pesadilla la noche anterior... “pero ¡tiernas misericordias!”, me dijo dulcemente. Estaba totalmente en paz y siguió con su día con toda normalidad. Eso ocurrió hace varios años y el problema nunca volvió.
¿Qué pasó esa noche? Mi hijo aceptó naturalmente que estaba seguro en el Amor (otro nombre para Dios), como dice la última estrofa del himno:
Así que, no importa la necesidad ni la amenaza,
seguro estoy en Tu amor, sin temor, sin pesar.
¿Puede haber consuelo más dulce, gracia más divina,
que pensar en que Tu amor está aquí y es mío?
Así como un niño pequeño acepta instantáneamente que el Amor divino está presente ahora mismo, nosotros también podemos aceptar que ahora mismo somos uno con Dios. No necesitamos darle demasiadas vueltas ni preocuparnos por si Dios puede ayudarnos o no. El Amor divino es más grande que cualquier afecto humano. Isaías 46:13 promete: “Haré que se acerque mi justicia; no se alejará, y mi salvación no se detendrá”.
¡Qué maravilloso es que las tiernas misericordias del Amor estén aquí para todos nosotros!
