Mi hermana menor y yo tenemos un Jeep rojo realmente genial que podemos conducir por todas partes. Es justo de nuestro tamaño.
Siempre nos ponemos el cinturón de seguridad y llevamos casco. Y siempre nos divertimos juntos. Incluso nos sentimos cerca de Dios cuando montamos en el Jeep porque nos sentimos realmente felices.
Un día, mientras trataba de subir la colina en nuestro jardín, las ruedas delanteras se despegaron del suelo y el Jeep se volcó hacia atrás. Mi hermana y yo gritamos, y pude oír a mi mamá correr hacia nosotros y decir algo. Pero no sabía lo que decía porque escuchaba a Dios aún más fuerte en mis pensamientos. Dios me dijo que podía tranquilizarme porque Él estaba allí mismo conmigo. En la Escuela Dominical de la Ciencia Cristiana estoy aprendiendo que Dios siempre está con nosotros y nos habla. Sabemos que es Dios, porque los pensamientos de Dios nos hacen sentir mejor.
Cuando mi mamá llegó donde estábamos, nos enderezó y nos abrazó. Dijo: “Dios está aquí mismo, amándolos y abrazándolos a los dos ahora mismo. Nada puede hacerles daño”. Vio lo protegidos que habíamos estado.
Esta curación me hace feliz porque puedo contarle a mi abuelo y a otras personas cuánto me ama Dios.
