
Relatos de curación
Un día al mediodía cuando acababa de llegar a casa de una reunión de la Escuela Dominical, y mientras descansaba en una silla, de pronto sentí un dolor intenso. Ni siquiera me atreví a respirar profundamente debido a cómo me sentía en ese momento, pero no comenté con nadie mi condición.
Después de haber trabajado durante algunos meses de una manera a la cual no estaba acostumbrada, perdí el uso de una de las piernas y no podía caminar. Fui apoyada por la oración de una practicista de la Ciencia Cristiana y la ayuda de buenos amigos.
La universidad hubiera sido una catástrofe para mí de no haber mediado mi comprensión y aplicación de la Ciencia Cristiana. Mi historial era abrumador como estudiante deficiente.
Hace algunos años un día entré en una iglesia de la Ciencia Cristiana para enterarme exactamente de lo que allí ocurría. Había llegado a un punto de gran indecisión y duda acerca de la religión organizada y doctrinas religiosas en general.
Refiriéndose a Cristo Jesús, la Sra. Eddy nos dice en Ciencia y Salud (pág.
“Sáname, oh Jehová, y seré sano; sálvame, y seré salvo; porque tú eres mi alabanza” (Jeremías 17:14). La primera curación que tuve en la Ciencia Cristiana Christian Science (crischan sáiens) se llevó a cabo mientras vivía en el desierto del suroeste de los Estados Unidos, donde me habían enviado los médicos.
Desde mi juventud mi salud siempre había sido delicada. No había tenido ninguna enseñanza religiosa, pero sí creía en forma natural en la ayuda divina y era de temperamento obediente.
La Ciencia Cristiana me atrajo primordialmente porque la idea de sanar a otras personas me intrigaba. En ese entonces no pensaba en mi necesidad de curación aunque padecía de un problema en la columna vertebral y de una “rodilla loca”.
La Ciencia Cristiana me liberó de la creencia de que la inteligencia es limitada y me dio el valor para reclamar la inteligencia que me ha dado Dios. He estado asistiendo a una Escuela Dominical de la Ciencia Cristiana desde la edad de trece años — hace más de tres años — y he recibido mucho bien.
El motivo que me ha llevado a escribir este testimonio es el de compartir mi agradecimiento por haber conocido la Ciencia Cristiana y, especialmente, por haber tenido hace poco tiempo la invalorable experiencia de realizar el curso de instrucción en clase de la Ciencia Cristiana. El deseo de saber más acerca de Dios me llevó a dar los primeros pasos para tomar la clase en un momento en que las circunstancias humanas me decían que era un proyecto imposible de alcanzar.