Cuando los mortales se ven confrontados con aflicciones, ya sean físicas o morales, por lo general las atribuyen a causas o circunstancias extrañas, y acuden a otras personas o a métodos curativos ajenos a ellos mismos. La mayoría de los hombres experimentan cierto placer, a la manera de Caín, al echar la culpa de sus desdichas a cualquier otra persona o cosa fuera de ellos mismos.
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