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Semejante a Dios

Del número de enero de 1949 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Los pensamientos de los hombres determinan lo que será de sus vidas. Reconocer esto es esencial, pero no lo es todo. Sólo aquel que sabe qué es lo que debe aceptar como verdad, y lo que debe rechazar como falso penetra en la conciencia de la realidad. La Ciencia del Cristo nos asegura que esto se puede hacer ahora mismo. Cuando se comprende que Dios, la única e infinita Mente siempre presente, es la Mente del hombre, se percibe que el temor, la confusión y las contradicciones no tienen causa ni realidad. Entonces el ideal divino del hombre ya no se considera impracticable ni remoto. El individuo se ve a sí mismo tal como es, a la luz de la semejanza de Dios, y no tarda en descubrir los argumentos que tratarían de despojarle de su identidad espiritual.

La humanidad ha descartado o desatendido la llamada que encierran las palabras de Jesús (Mateo, 5:48): “Sed, pues, vosotros perfectos, así como vuestro Padre celestial es perfecto.” Sin embargo estas palabras nos sirven de modelo y mandato. Con la inteligencia, el poder y los deseos que la Mente confiere, y que todos podemos usar sin limitaciones, bien podemos preguntarnos ¿Qué no podrá lograrse?

Darnos cuenta de las infinitas capacidades y posibilidades del hombre es el primer paso a tomarse para demostrarlas en nuestra experiencia humana. Fué este el propósito de Jesús cuando entregó mansamente su vida. La humanidad siempre ha descartado o desatendido la posibilidad de ser semejante a Dios, a pesar de la declaración inequívoca del primer capítulo del Génesis, que “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza.” La aceptación de la caída del hombre, teoría ésta completamente contradictoria a las amonestaciones de Jesús de que fuéramos perfectos, y que él rechazó triunfalmente en cada una de las pruebas y seguridades que dió de la paternidad y filiación divinas, debe ser abandonada si los hombres han de posesionarse ahora mismo del dominio que le es dado por herencia.

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