El otro día se me inflamó la
mejilla. Me dolía mucho
cuando la tocaba. Yo quería que
Dios me sanara y me puse a orar.
A la mañana siguiente, la mejilla
seguía inflamada, y no pude
tomar el desayuno. Entonces me
fui a un lugar tranquilo, y oré
pensado en el Padre Nuestro.
Sentí que Dios llenaba toda la tierra,
y por eso nada malo podía pasarme.
Traté de escuchar los mensajes
buenos y espirituales, o sea los
ángeles que Dios me estaba
enviando. Yo los escuché y ellos
me dijeron que siempre estoy con
Dios y que soy Su reflejo. Eso
quiere decir que soy espiritual y
nada malo me puede pasar.
Después de orar me sentí bien.
Los ángeles, es decir, los pensamientos
de Dios, me sanaron.
Richmond, Virginia, E.U.A.