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La oración de una vecina

Del número de septiembre de 2006 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


María del Pilar me pidió que orara por su niña recién nacida porque los médicos la habían desahuciado. Había nacido con hidrocefalia y tenía en ese momento una septicemia generalizada. No pensaban que sobreviviera esa noche.

Cuando hablé con María del Pilar le pedí que confiara en Dios, pues Él es la Vida de la niña. De inmediato negué rotundamente el diagnóstico médico, y le pedí que no me contara más. Le dije: “Jamás vamos a aceptar ningún término médico porque tu hija es espiritual, no es material, y los médicos no pueden determinar la vida porque Dios es Vida, Dios es Verdad, Dios es Amor”.

También le dije que su hijita, Fabiana, era la hija amada de Dios y que Él siempre la iba a proteger. También le hablé más o menos en estos términos: “Trata de poner tu pensamiento en Dios, deja que Él te ilumine y haga el trabajo por ti, porque tu hija es realmente Su idea. Somos la creación divina, por ende perfectos, y tu hija es perfecta, hecha a imagen y semejanza de Dios”.

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