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Su hijo nace sano

Del número de julio de 2007 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Es con mucha gratitud que comparto esta experiencia de cuando nació mi hijo. El parto se complicó y la comadrona parecía estar un poco nerviosa y le transmitía en directo al ginecólogo todo lo que estaba sucediendo. Que al bebé le bajaba el ritmo cardíaco. Que las pulsaciones del niño bajaban desmesuradamente, que recuperaba el ritmo cardíaco. Y yo escuchando todo lo que decían.

En un momento determinado comenzaron a decir que había sufrimiento fetal, que el niño tenía que nacer pero yo no había dilatado lo suficiente, y que me iban a tener que hacer una cesárea.

En ese momento todos los pensamientos que me venían a la cabeza eran malos. Había oído decir que cuando hay sufrimiento fetal el niño puede nacer con deficiencia mental. Pero yo decía: “Esto no puede ser, no es real. Dios no me trajo hasta aquí para nada malo, al revés. Esto es para gloria de Dios, y todo tiene que ser bueno”. Entonces recordé una frase: “Para los que se apoyan en el infinito sostenedor, el día de hoy está lleno de bendiciones”. ( Ciencia y Salud, pág. vii)

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