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Protección durante un secuestro

Del número de julio de 2008 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Un día, tomé un taxi en el centro de la ciudad con destino al apartamento de mi madre. Cuando iba a mitad de camino, el conductor avisó por su radio, o celular, lo siguiente: "Esta noche hay rumba de mariachis".

Fue entonces cuando me puse a observar al conductor por el espejo retrovisor y percibí algo que me inquietó. Empecé a orar con la idea de que Dios me estaba protegiendo. Cuando Ilegué a mi destino y le indiqué al conductor dónde debía detenerse, pareció no escucharme. Siguió unos metros y se detuvo. En el momento en que le estaba entregando el dinero, un hombre abrió sorpresiva y bruscamente la puerta del lado derecho, subió y se sentó a mi lado, amenazándome con un arma corta punzante, diciéndome que cerrara los ojos, de otro modo me mataría. El carro continuó andando, seguido de otros dos hombres que se transportaban en motocicleta.

Desde ese momento pareció que yo no tenía salida, que no podía escapar, correr ni lanzarme del auto. No puedo negar que al principio sentí miedo. Pero luego pensé en todo lo que me podría pasar si no colaboraba con ellos, y reanudé mi oración en silencio. Pensé en el Padre Nuestro con la interpretación espiritual de Ciencia y Salud, que dice en parte: "Hágase Tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Capacítanos para saber que —como en el cielo, así también en la tierra— Dios es omnipotente, supremo”. Ciencia y Salud, pág. 16.

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