Hace poco intenté retirar algo de dinero en efectivo de un cajero automático y me sorprendí al ver que la solicitud fue denegada. Según el personal del banco, la tarjeta de débito había sido comprometida a través del cajero automático, y me habían robado una suma considerable de mi cuenta, dejando un saldo negativo. Afortunadamente, me lo reembolsaron en poco tiempo.
Este incidente me recordó una vez más que hay que ser vigilante frente a la piratería informática, las estafas telefónicas, los fraudes de tarjetas de crédito, etc., tan frecuentes en estos tiempos. Pero también me llevó a pensar más profundamente acerca de cómo podemos contribuir para contrarrestar ese comportamiento en beneficio de todos.
Una manera que me está resultando útil es cultivar un sentido más profundo del bien, o Dios, como el poder real gobernante en nuestra experiencia. Nadie negaría que parece haber influencias en acción que intentan persuadir a las personas para que roben a otros. Sin embargo, en una lectura inspirada de la Biblia encontramos el fuerte argumento de que el poder y la autoridad de Dios son supremos y pueden probarse en la vida cotidiana.
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