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Original Web

Calma las olas del miedo

Del número de septiembre de 2020 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Apareció primero el 2 de julio de 2020 como original para la Web.


Las olas en el Canal de la Mancha sacudían fuertemente el transbordador en el que viajaba mi familia para cruzar a Francia. El barco se hundía y se levantaba con violencia, así que casi todos a bordo parecían atemorizados. Hasta el personal se veía preocupado, y nos explicaban que nunca habían visto el agua tan tumultuosa al cruzar el canal. Pronto el temor se agravó cuando sentí un fuerte mareo.

Yo por lo general oro, pero al agudizarse el pánico me resultaba difícil mantener la calma. Al principio, simplemente me concentré en mí misma haciendo todo lo posible para no enfermarme. Entonces levanté la cabeza y miré alrededor a mi familia. Aunque la mayoría de nosotros estábamos encorvados y nos veíamos un poco verdes, mi cuñada tenía la mirada más apacible en su rostro, como si estuviera disfrutando el viaje. Me maravillé al ver su tranquilidad, pero también me hizo ver que este paseo podía ser definitivamente muy diferente.

Pensé en una historia de la Biblia en el Evangelio de Marcos (véase 4:36-41). Según cuenta la historia, Jesús y sus discípulos estaban en una barca cuando un gran viento comenzó a azotar las olas, llenando la barca de agua. Sus discípulos tenían miedo. Parecía no haber otra posibilidad más que la embarcación se hundiera. Sin embargo, cuando recurrieron a Jesús, lo encontraron durmiendo muy en paz, aparentemente sin ninguna preocupación. 

Sin decirles una palabra, Jesús se puso de pie y ordenó al mar: “Calla, enmudece”, instantáneamente la situación cambió; las olas y el viento cesaron. Él les preguntó a sus discípulos: “¿Por qué tienen miedo?” (NTV). 

Creo que “Calla, enmudece” parece ser un mandato tanto para los discípulos como para la tormenta; un aliento para mantenerse en calma y en paz. Una de las numerosas lecciones que Jesús enseñó a los discípulos durante su ministerio fue que el amor de Dios por todos era tan grande, que Él jamás se iría, siempre cuidaría de ellos. El amor de nuestro Padre celestial es omnipotente y omnipresente. En un momento dado, Jesús explicó “Nada les hará daño” (Lucas 10:19 NTV). 

Aun cuando una situación parezca desesperada, Dios —el único poder legítimo— está al mando, guiándonos y sosteniéndonos a todos nosotros, Sus hijos e hijas espirituales, seguros en todo momento.

Aun cuando una situación parezca desesperada, Dios nos está guiando y manteniéndonos seguros en todo momento.

Mary Baker Eddy, una teóloga cristiana, escribió en su colección Escritos Misceláneos 1883–1896 qué es ciertamente el cuidado de Dios. En un reconfortante artículo llamado “Ángeles”, ella describe que los ángeles no son seres que baten sus alas, sino ideas espirituales enviadas por Dios que inspiran y elevan nuestra manera de pensar (véase págs. 306-307).

Estas ideas divinas nos aseguran el cuidado de Dios, e inspiran curación y soluciones. Como señala la Sra. Eddy: “...el Amor divino es una ayuda siempre presente; y si esperáis, jamás dudando, tendréis en todo momento todo lo que necesitéis”. El artículo termina explicando lo que nos ofrece la comprensión de la omnipresencia de Dios, el Amor infinito mismo: “Esta dulce seguridad es el ‘Calla, enmudece’ para todo temor humano, para el sufrimiento de toda clase”. 

Al ver lo tranquila que estaba mi cuñada, sumado a la inspiración que estaba yo recibiendo, hizo que me diera cuenta de que lo que estaba pensando acerca de la situación —al sentirme impotente y vulnerable— era la raíz de la gran angustia que sentía. Pero yo había experimentado antes que esa idea de Dios, el Amor divino, es una “ayuda siempre presente” en cualquier tormenta o desafío, y puede eliminar el temor y traer paz y aplomo al responder a una situación.

Aunque las olas no se calmaron, gradualmente comencé a tranquilizarme. No fue algo deliberado, sino el resultado de sentir cada vez más la presencia de Dios, una convicción del cuidado de Dios que me levantó el ánimo. Hasta comencé a tararear algunos de mis himnos favoritos del Himnario de la Ciencia Cristiana.

El viaje en barco terminó con seguridad y sin problemas, y nadie en nuestra familia se enfermó. Más tarde mi hermano me contó que estaba seguro de que escuchar los himnos que yo estaba tarareando impidió que se enfermara.

Podemos estar confiados, aun cuando nos sintamos abrumados por las olas del temor, de que estamos seguros en el cuidado poderoso de Dios. Estar dispuestos a dejar que Sus ideas espirituales entren en nuestro pensamiento, asegurándonos Su protección, trae más paz y evidencia de esa protección. Incluso tal vez encontremos que nuestro pacífico aplomo en medio de la tormenta ayuda a calmar el temor de otra persona también.

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Mary Baker Eddy, La Primera Iglesia de Cristo, Científico, y Miscelánea, pág. 353

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