Y así, con la verdad que continúa amaneciendo en mi consciencia, sé que el hogar está donde está Dios; donde ya tengo todo lo que necesito para disfrutar de una vida saludable y feliz.
Sólo Dios tiene vida, verdad, inteligencia y sustancia. Este razonamiento me llevó a la conclusión: “No consideres la materia como tu dios”. Sentí mucha alegría al comprender estos pasajes después de leerlos y repetirlos tantas veces antes.
Un mensaje escrito en la pared de la Sala de Lectura llamó mi atención: “El Amor divino siempre ha respondido y siempre responderá a toda necesidad humana” (Ciencia y Salud, pág. 494). El domingo siguiente mis dos hijas y yo, asistimos a la Iglesia de Cristo Científico local por primera vez y con el tiempo, me convertí en miembro. También encontré curación.
Todo lo que realmente tenemos está ahora manifestando el resplandor de la bondad siempre presente e ilimitada de Dios. Por lo tanto, el hombre es la expresión natural de la fuerza, la energía, la vivacidad, la prosperidad, la eficacia, la motivación, la agudeza, el movimiento y el bienestar.
También me di cuenta de la importancia de sentir la misma compasión que Cristo Jesús ejemplificó, quien contemplaba la plenitud de la creación espiritual de Dios, y de no dejarse engañar por la falsa imagen de insuficiencia que presentan los sentidos físicos, una imagen de mortales sufrientes con medios limitados.
Continué orando, afirmando que Dios ya había preparado el camino para mí y para los estudiantes. Sabía que si Dios me había dado la oportunidad de trabajar en esta escuela, todo estaría en su lugar para el beneficio de los niños. Orar de esta manera me hizo sentir mejor.
Nunca estamos solos. Vivimos rodeados del Amor infinito. Nos consuela, nos protege y nos bendice. Ninguna forma de error, de mal, puede quitarnos las bendiciones que son nuestras como reflejo o imagen de Dios.
La clave es mirar hacia arriba; elevar nuestros pensamientos más allá de la creencia de que la vida es material para reconocer y aceptar la naturaleza espiritual de la realidad que Jesús demostró y Ciencia y Salud expone. Porque si todo es pensamiento, es el universo del pensamiento el que necesita ser abrazado, edificado, sostenido y sanado.
La certeza espiritual de la seguridad y protección de Dios permaneció conmigo todo ese verano.
Cada vez que me comunico con mis amigos de Sudán del Sur, les digo que la única forma de sanar ese país es admitir el poder del amor. El amor que tiene su fuente en Dios —de quien la Biblia nos dice que es el Amor mismo— es el poder más asombroso de la tierra.