Como imagen y semejanza de Dios, no estaba sujeta a las leyes limitantes del tiempo o la vejez, sino que tenía dominio sobre ellas; expreso salud, juventud, armonía y alegría, todas las cualidades que provienen de nuestro Padre-Madre Dios, eternamente.
Cualquier preocupación se evaporó como la niebla de la mañana con el amanecer, y una sensación espiritual de libertad me llevó al siguiente paso. Me arrastré por el suelo hacia la marmota con trozos de manzana en mis manos. Pronto estaba tomando la manzana, sentándose sobre sus patas traseras y comiendo junto a mí.
La Ciencia Cristiana siempre ha sido mi roca, mi refugio, mi guía. Pero esta experiencia, más que todas las demás, fortaleció mi confianza en Dios, la Verdad divina y mi comprensión del reino de Dios.
Al principio pensé que, si oraba lo suficiente, nuestro vuelo ya no sería cancelado. Luego me pregunté si así es cómo funciona la oración realmente.
El Cristo mismo que estaba con esos tres hombres en el horno todavía está presente para salvar a la humanidad de la enfermedad, el pecado y la muerte.
En los días siguientes, caminé por alturas gloriosas, que es donde también estaban mis pensamientos. La Lección Bíblica con sus fortalecedores e inspiradores mensajes continuó acompañándome, y todos los días fue mi vara y mi cayado, dejándome bien equipada.
No hay una consciencia material de pecado, enfermedad y muerte y una consciencia espiritual de santidad, salud e inmortalidad. Toda creencia en una consciencia mortal, o en una mente aparte de Dios, debe ceder ante la realidad del único Ego, el único Yo, el único punto de vista.
Con todas las ideas anteriores, puedo empezar a comprender la totalidad de Dios, entendiendo que, dado que Dios lo es todo, no hay lugar para el caos, la enfermedad o cualquier otra situación que parezca grave y que, sin embargo, cuando cambiamos nuestra perspectiva correctamente, desaparece en la nada.
Mientras tratábamos a nuestro hijo a través de la Ciencia Cristiana, continuamos teniendo claramente en mente que era un hijo de Dios: perfecto, espiritual y sano. También reconocimos que, como tal, solo podía ser la imagen y semejanza de lo que es Dios, el bien, y que su naturaleza siempre había consistido plenamente en reflejar a Dios, el Amor.
Me senté allí y realmente pensé en cuánto amor y armonía había a mi alrededor. También pensé en que Dios nunca permitiría que me lastimaran porque Dios es Amor.