No podemos perder algo que nunca hemos poseído. Esto no significa que no tengamos nada, sino todo lo contrario. Todo lo que tenemos, lo tenemos por reflejo, no por posesión. Todo lo que Dios es, es nuestro para reflejar.
Ahora veo la senda por donde andar
para seguir al Cristo,
para encontrar el bien divino, Dios,
que sana espiritualmente
Sabía que lidiar con el concepto de la malapráctica no tenía por qué ser espeluznante o misterioso, sino que era necesario defenderme mentalmente de la malicia, las imposiciones sobre mi buen trabajo o cualquier otra cosa que pareciera interferir con mi seguridad y unidad con Dios, el Amor divino.
Todos tenemos una función vital que desempeñar para dar testimonio del Amor que es Dios como el único y verdadero motivador de cada uno de nosotros. Comprender esto y orar desde este punto de vista por un vecindario, una comunidad o un mundo tendrá sin duda un efecto sanador.
Empecé a leer el libro. Aunque al principio no comprendí el contenido, sentí que me haría bien, así que seguí explorándolo. Compré un número de El Heraldo de la Ciencia Cristiana. A medida que lo leía, empecé a entender más.
La comunicación espiritual se mueve en una sola dirección: desde Dios, la Mente divina, hasta Sus ideas: cada uno de nosotros. Poner cada pensamiento de acuerdo con el Cristo —con la verdadera idea de Dios— exige escuchar con diligencia. Esta escucha es una forma poderosa de oración que sana y cambia vidas.
Pasaron muchos meses antes de que pensara en volver a subirme a una bicicleta. Sin embargo, un domingo por la mañana del mes de junio siguiente gané la confianza para reanudar esa actividad después de cantar un himno en nuestra iglesia filial de la Ciencia Cristiana.
Lo que Naomi aprendió ese día puede ayudarnos a todos. No hay nada que temer cuando sabemos que estamos siempre rodeados por el Amor divino, Dios.
Cuando nos sentimos libres, experimentamos paz espiritual y podemos escuchar al Amor divino guiándonos para liberarnos de nuestras cargas. Dejamos el camino abierto para la bondad divina, y sabemos que todas las oraciones son respondidas y que recibimos mucho más de lo que pedimos.
Mientras escuchaba para recibir los pensamientos de Dios, este mensaje angelical me llegó calladamente: “… Vida es sólo Amor” (Mary Baker Eddy, Himnario de la Ciencia Cristiana, N.° 30). Estas palabras llenaron mi consciencia. No solo capté intelectualmente esta idea; sabía, sin duda, que Dios, el Amor todopoderoso, me rodeaba a mí y al mundo entero.