Seguí orando por un rato y luego me quedé dormida de inmediato. Estaba muy agradecida por esa oportunidad de orar.
Estas experiencias que muestran el poder redentor de Dios traen curación a nuestras familias y comunidades, y estoy agradecida por las lecciones que mi hijo aprendió en la Escuela Dominical y aplicó a su vida.
Descarté de inmediato la idea de que no podría participar en todas las actividades que habíamos planeado. Mi confianza estaba en Dios y en la Ciencia Cristiana, basada en muchos años de depender de ellos, así que sabía que estaría bien.
Tener la Mente de Cristo es apartarse naturalmente de las limitaciones del egoísmo o la indiferencia y esforzarse, en cambio, genuinamente por comprender y tener compasión por las necesidades de los demás —y responder con la oración a esas necesidades—.
Dios elevó mi visión para ver la realidad espiritual, la totalidad de Dios como la Vida divina. Esta perspectiva más elevada bendijo y apoyó mis esfuerzos por vivir mi cristianismo, ofrecer una mano y ayudar a elevar a los demás.
Dondequiera que estemos en el mundo, podemos responder cada día a la mentira de que la ley divina está ausente o es impotente. Podemos demostrar que la ley divina del bien es la única ley para tratar problemas de salud, dificultades de relaciones —de hecho, cualquier parte de nuestra vida en la que necesitemos ver progreso—.
Cuando nos enfrentamos a tormentas —cualquier desafío que amenace perturbar nuestra paz y armonía espiritual— podemos aferrarnos con firmeza al reconocimiento de que nada más que el bien puede derivar del Amor siempre presente.
Como Dios es el bien infinito, no puede haber mal que cause destrucción o afecte negativamente a Sus hijos. Todos estamos siempre seguros en Dios. Esta comprensión aporta paz y armonía incluso en situaciones amenazantes.
Lo más importante es que, en los aproximadamente 45 años desde entonces, he estado completamente libre del miedo al clima. Nuestra familia ha sido protegida del impacto de huracanes y tornados. Nuestros dos hijos adultos nunca han tenido miedo al clima.
Vi claramente que el Amor divino estaba presente y activo, incluso en lo que parecía ser una situación peligrosa. Dios, nuestra ayuda siempre presente en las dificultades, fue verdaderamente nuestro protector y guía.