De vuelta en mi cabaña, busqué todas esas cualidades “saludables” o buenas que expresaban mis colegas y encontré oportunidades para reflejarlas a lo largo del día.
Le dije a mi hija lo que estaba viendo: que la verdadera naturaleza de Leawood era espiritual, perfecta, completa y libre, y que nuestras oraciones no estaban haciendo que esto fuera verdad, sino que afirmaban que ya era verdad.
Esta práctica de confiar activamente en Dios puede transformar la forma en que experimentamos la vida. Puede abrir nuestro pensamiento a nuevas ideas, soluciones inesperadas y una paz interior que no depende de las circunstancias.
A medida que nuestra familia empezó a apoyarse en Dios para todo, nuestra vida no fue menos rica sino más —más llena de valor y aprecio del bien, y menos del materialismo—.
La curación no tiene nada que ver con la personalidad, la edad, la educación o la ocupación. La curación es el resultado de vernos a nosotros mismos y a los demás como la creación puramente espiritual de Dios, el Espíritu divino —como “el hombre perfecto” que cada uno de nosotros realmente es— tal como lo hizo Jesús.
La Sala de Lectura es un lugar especial. Es un recurso vital para la comunidad, un faro de esperanza y comprensión espiritual, que pone a disposición del público productos que pueden impactar profundamente a quienes los leen o escuchan.
Reafirmaba la verdad de que Dios mantenía mi bienestar a cada momento de esta intrusión, sabiendo que el único resultado posible para refutar esta mentira —este sueño basado en un sentido material de la existencia— era una victoria espiritual sobre ella.
El egocentrismo lleva a pensar que somos personalmente responsables o que somos inadecuados o estamos abrumados. El Ego único es la Mente divina, y la Mente divina está a cargo de todos los aspectos de la iglesia: su crecimiento, su provisión, su unidad y alegría.
Como en las sinagogas de la época de Jesús, así en nuestras iglesias hoy en día, la curación ocurre cada vez que se percibe y siente el espíritu de la Verdad y el Amor. Muchos de nosotros somos testigos vivientes de esto, como indican los artículos y testimonios que se publican mensualmente en el Journal y en sus publicaciones hermanas.
Seguí leyendo Ciencia y Salud y aprendí que todos somos hijos de Dios, hechos a Su imagen y semejanza, verdaderamente buenos e inocentes. ¡Qué hecho espiritual tan magnífico!