A medida que nos esforzamos activamente por poner en práctica nuestra creciente comprensión de esta verdadera individualidad en nuestras vidas, encontramos que somos capaces de ver y demostrar la presencia y el poder de Dios, y eso lleva a la curación.
Cristo Jesús nos mostró nuestra verdadera identidad, libre de nuestro aparente ambiente terrenal. Como pionero de la libertad, se elevó por encima de todas las cadenas mortales y nos dejó una hoja de ruta para que también nosotros nos eleváramos libres de las limitaciones y para encontrar las puertas del cielo abiertas aquí y ahora.
Mis hijos y yo estamos muy agradecidos por la renovación de nuestro hogar, pero aún más agradecidos por haber reconocido la bondad y la constancia del Amor divino en nuestras vidas.
Estoy agradecido de que la abuela encontrara el regalo de mi primo y de que siempre puedo escuchar a Dios, pase lo que pase.
Encontré una nota doblada en su cartera con un versículo bíblico en el que Dios dice: “He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado” (Éxodo 23:20). La idea de que Dios respondía a todas las necesidades significó mucho para mí.
Humildemente di gracias a Dios. Expresé gratitud por la misión sanadora de Cristo Jesús y por el obsequio de la Ciencia Cristiana, que nos revela la comprensión de la verdadera ciudadanía espiritual de todos y la libertad que conlleva esta comprensión.
Atribuyo la rapidez con la que se restauró mi casa enteramente a la oración, especialmente cuando supe que la empresa de restauración había recibido más de mil llamadas de ayuda relacionadas con las tormentas. Mi gratitud desbordó.
Cada vez me queda más claro que cada pequeño detalle de bien genuino en mi propia vida, mi comunidad, mi país o el mundo viene de Dios. Todo lo bueno es prueba de la presencia constante del reino de Dios.
Me di cuenta de que nuestro hijo era tanto el “derrame” como el “derramado” —una bendición maravillosa para el mundo y receptor de la bendición del Amor—. A medida que anhelaba entender cómo podía ser una bendición de esta magnitud, mis oraciones desplazaron el deseo de que hubiera un resultado concreto.
Esta práctica de confiar activamente en Dios puede transformar la forma en que experimentamos la vida. Puede abrir nuestro pensamiento a nuevas ideas, soluciones inesperadas y una paz interior que no depende de las circunstancias.