A medida que me veía más claramente como el hijo de Dios, entendía que no había mejor lugar en la tierra para mí que la iglesia. Razonaba que los miembros de mi iglesia también me verían como el hijo de Dios y no se obsesionarían con mi apariencia.
Recordé que “la necesidad extrema del hombre es la oportunidad de Dios”. Esto me ayudó a ver que, aunque la situación realmente parecía extrema, Dios es aún más grande. Él estaba conmigo. Muchos pasajes de la Biblia y de Ciencia y Salud me vinieron al pensamiento, y una sensación de calma me embargó.
La riqueza de literatura y recursos que ofrece la Ciencia Cristiana es un excelente apoyo para mi estudio de la Ciencia Cristiana y el crecimiento espiritual. Mi perspectiva sobre las personas, las cosas y el mundo sigue volviéndose más espiritual.
Como Dios es Amor, sé que también es del todo amoroso y que me ama.
Queridos miembros: Estamos encantados y agradecidos de poder compartir con ustedes la feliz noticia de la reciente admisión de nuevos miembros de alrededor del mundo a La Iglesia Madre. Los nuevos miembros de nuestra familia mundial provienen de Alemania, Argentina, Angola, Australia, Benín, Brasil, Camerún, Canadá, China, España, Estados Unidos de América, Filipinas, Francia, Ghana, Indonesia, Italia, Kenia, Malaui, Nigeria, Nueva Zelanda, Países Bajos, Pakistán, Reino Unido, República del Congo, República Democrática del Congo, Sudáfrica, Tanzania.
La Lección Bíblica de esta semana nos guía a través del Padre Nuestro, incluida la interpretación espiritual que hizo la Sra. Eddy de él. Esto ilumina la aplicación práctica del reconocimiento de la única causa universal y creador que es nuestro Padre-Madre Dios; cuyo reino ha venido a nosotros.
Dediqué tiempo y estudio a comprender el ajuste de pensamiento que sustentaba mis pasos hacia la curación. La callada sensación de que habitaba segura en el reino de los cielos —donde los accidentes son desconocidos— me permitió ceder por completo al control de Dios sobre la curación.
Al reflexionar sobre el tema de la paz, me doy cuenta de que no se trata solamente de permanecer inmutable frente a los conflictos o las diferentes “tormentas” con las que nos encontramos. Para mí, significa tener la convicción del poder y la presencia de Dios en todo momento y bajo toda circunstancia. Es reconocer que nuestro bienestar, y el de todos, está en manos del Amor divino.
Los ciegos ven, los enfermos son sanados, los cojos andan, saltan de alegría, alabando al Dios de quien proviene todo el bien. Estoy aprendiendo, orando y escuchando más y más.
Cuando algo nos perturba, podemos orar por ello —no simplemente ignorarlo o desear o esperar que desaparezca—. Podemos recurrir a Dios y a las verdades de la Biblia y Ciencia y Salud hasta que sintamos revelación e inspiración.