Me gusta leer los testimonios de otros niños, porque para mí es una prueba de que las curaciones mediante la oración son posibles y ocurren todos los días, incluso a niños como yo.
Jesús enfatiza que la generosidad no crea carencia; al contrario, abre puertas. Esto no es solo una regla relativa al dinero, sino una verdad espiritual sobre cómo vivir de manera desinteresada y generosa, confiando en la abundante provisión de Dios y sabiendo que dar y recibir siempre van de la mano.
Identificamos sugestiones erróneas —barreras en el pensamiento— que impedirían la entrada a nuestra iglesia o a la Sala de Lectura. Trabajamos para encontrar los hechos contrarios a las falsas pretensiones del sentido mortal, y para reemplazar esas pretensiones con la Verdad divina.
Con mi pensamiento libre para escuchar los pensamientos de Dios, pensé en cómo podía demostrar Su poder y omnipresencia y luego escuché con expectativa. No tuve que esperar mucho.
A medida que nos dedicamos a la sagrada labor de la investigación, la visión, el crecimiento y la práctica espirituales —ya sea que tengamos un empleo, lo busquemos activamente o estemos jubilados— podemos envolver en nuestros pensamientos a todos los que están desempleados, sabiendo que Dios no ve así a nadie.
A medida que mis pensamientos sobre los gatos pasaron del miedo y la antipatía a un amor y asombro por la creación de Dios, hubo un cambio instantáneo en mi cuerpo.
La ley de Dios pone todo en su lugar, y el hombre expresa la actividad sin obstáculos del Amor y el Alma. No hay debilidad ni fallo en nada que Dios haya creado.
Un salmista escribió una vez: “De día mandará Jehová su misericordia, y de noche su cántico estará conmigo” (Salmos 42:8). La confianza en Dios como el Amor siempre presente canta a través de los siglos en este himno. Habla a todo el mundo en todas las situaciones.
Mientras reflexionaba sobre esta experiencia, me di cuenta de que había dado un paso claro y natural en la transición de la falsa sensación de ser material y mortal a una comprensión de mí mismo como la creación espiritual, pura y completa de Dios, el Espíritu.
Todos hemos experimentado momentos de atemporalidad. Por ejemplo, puede parecer que el tiempo se detiene al estar ante una cascada o al asimilar mentalmente una nueva verdad espiritual. El reino de la eternidad es un mundo sin comienzos ni terminaciones, principios ni fines. Es un mundo sin límites de ningún tipo.