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2026

La ley divina del Amor reemplaza la historia falsa con la reconfortante verdad de que fuimos, somos y siempre seremos la libre expresión de Dios, sin vínculo alguno con un pasado mortal y material.

La practicista fue muy amorosa e inquebrantable en su convicción de que, como hija de Dios, yo era perfecta en ese mismo momento y que ninguna prueba física podría cambiar ese hecho.

Comencé a aferrarme a lo que era espiritual y científicamente verdadero: que la ley de armonía de Dios gobernaba cada función de mi ser. No era un mortal vulnerable reaccionando al veneno. Yo era la expresión espiritual de Dios.

Al recordar lo sucedido, algunos de mis mejores recuerdos de la universidad fueron cuando trabajaba en la biblioteca con mis amigos durante los exámenes.

Nuestra conciencia llena del Alma purifica, sana y salva, irradiando hacia afuera, bendiciendo no solo a quienes nos rodean, sino a todos aquellos a quienes nuestros pensamientos abrazan en el reverente amor y la paz de Dios.

Mientras el dolor aumentaba, me aferré al Cristo, la Verdad, como uno se aferra a una roca en un mar agitado. La salvación llegó a través de una llamada telefónica de un amigo que también es Científico Cristiano.

Las ideas no se pueden borrar. Las cualidades derivadas de Dios son permanentes. Vislumbrar estas verdades espirituales abre nuevas posibilidades, permitiendo una hermosa resiliencia al enfrentar cualquier forma de adversidad. 

Como un inversor sabio que sabe que primero debe tener la disciplina para ahorrar antes de tener el capital para invertir, la disciplina de nuestro estudio y oración diarios nos ayuda a tener el “capital espiritual” que necesitamos para enfrentar nuestros desafíos y abordar los del mundo.

Empecé a aprender que “Dios es amor” (1 Juan 4:8). Nunca olvidaré la primera vez que leí eso. ¡Estaba encantada! Empecé a tener esperanza de que por fin aprendería qué es el amor verdadero.

De vuelta en casa, sola en mi habitación, reconsiderando y agradeciendo por cómo habían evolucionado las cosas durante esta experiencia, me di cuenta de que durante el trayecto a la clínica había perdido todo el temor. Sentí que Dios me cuidaba y me protegía y simplemente me dejé guiar, como un niño camina de la mano de su madre.

La misión del Heraldo

 “... para proclamar la actividad y disponibilidad universales de la Verdad...”

                                                                                                          Mary Baker Eddy

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