A finales de marzo de 2026, Ethel Baker, CSB, dejará su puesto como Redactora en Jefe del Journal, Sentinel y Heraldo (JSH), para regresar a su hogar en Búfalo, Nueva York, y centrarse en la práctica y enseñanza de la Ciencia Cristiana y colaborar de manera más activa en su iglesia filial. Le estamos muy agradecidos a Ethel por sus tres décadas de devoto servicio a La Iglesia Madre.
El Cristo, el mensaje divino de Dios a la consciencia humana, está siempre presente para liberarnos de la esclavitud de la creencia mortal. Como los hijos de Israel, podemos celebrar nuestra “Pascua”: nuestra redención de la esclavitud mental y física y nuestra herencia de bondad espiritual.
La muerte de mi hermano ha hecho que el concepto de la muerte y los temores relacionados con ella a veces afloren en mis pensamientos, pero la Ciencia Cristiana me ha proporcionado ideas que han incrementado mi fe en la Vida, Dios.
Como preciadas expresiones de la Vida y el Amor, somos herederos del reino de los cielos, que está presente aquí y ahora. En este reino solo hay Vida abundante y bien infinito. Podemos dar gracias por la prueba que Cristo Jesús dio de esta verdad eterna, que nos bendice a todos.
Al celebrar la Pascua cada año, podemos recordar que Jesús ya hizo una demostración pública y completa del poder de Dios sobre la creencia en cualquier poder aparte de Dios. No tenemos que sufrir con Jesús en el sentido de que tenemos que repetir su experiencia.
Mis oraciones destacaron en mi pensamiento una visión más clara de “los hechos inmortales del ser”. Estos incluyen el hecho de la naturaleza eterna y perfectamente buena de Dios, y también de nuestro reflejo de esta naturaleza perfectamente buena, como imagen del Espíritu.
El bien debe fluir del bien, así como la luz tiene que fluir del sol, simplemente por la naturaleza de su fuente.
Afirmé que la Iglesia ya refleja plenamente todas las cualidades de la Vida, Dios, incluidas todas las asociadas con la juventud, como el vigor, la vitalidad, la alegría, la frescura, la inspiración, el poder, la fuerza, el progreso, la continuidad y la renovación.
Siempre he sabido que Dios me ama, y confié en que Él estaba conmigo en ese preciso momento. Sabía que la “voz callada y suave” de Dios nos guiaba a mi madre y a mí. Me sentí inspirada a pensar en los Diez Mandamientos y, en ese momento de temor, quise honrar a mi madre escuchándola.
Como en las sinagogas de la época de Jesús, así en nuestras iglesias hoy en día, la curación ocurre cada vez que se percibe y siente el espíritu de la Verdad y el Amor. Muchos de nosotros somos testigos vivientes de esto, como indican los artículos y testimonios que se publican mensualmente en el Journal y en sus publicaciones hermanas.