El libro de Santiago en la Biblia aconseja: “Tenga la paciencia su obra completa” (1:4). Ha sido útil pensar en hacer esto, así como dejar pacientemente que mi comprensión de Dios, la Verdad, revele la realidad de la Vida divina en todas sus manifestaciones. Esto se convirtió recientemente en el fundamento de una experiencia sanadora.
A primera hora de un día de verano, cargué en la tienda la caja de mi camión con un palé enorme de material pesado para terraza y lo descargué en nuestro garaje en preparación para que lo instalaran. Luego trasladé más materiales pesados de construcción del garaje a la casa a lo largo de unos cuarenta metros.
Después de la cena de esa noche, me sentía contento de haber preparado los proyectos para los trabajadores que se encargarían del montaje. De repente, sentí algo moverse en la parte superior de mi brazo izquierdo y escuché un clic inusual. En menos de una hora, mi muñeca y mano izquierda se inflamaron y se pusieron rígidos y sumamente dolorosos.
Empecé a orar de inmediato. Afirmé mentalmente mi identidad como una idea espiritual de Dios, el bien, y negué que pudiera sufrir por hacer una actividad correcta y buena, como por ejemplo, mover esos materiales de construcción.
La repentina condición física anormal era alarmante, pero no tenía miedo. Durante muchas décadas, he confiado en las enseñanzas de la Ciencia Cristiana como mi camino hacia la salud y la seguridad. Estaba seguro de que podía esperar que esta condición sanara por completo y que esto promovería aún más mi comprensión tanto del Principio infinito, Dios, como de mi altura por ser la imagen y semejanza de Dios que declara la Biblia (véase Génesis 1:26, 27).
Se cree ampliamente que, a medida que una persona acumula años en la tierra, su capacidad para hacer cosas se ve limitada. Reconocí que, si no se cuestionan, estas creencias pueden influir en nuestra experiencia de vida. Ahora bien, no había hecho el trabajo físico como un acto de fanfarronería; simplemente era algo necesario para apoyar el avance del proyecto de la casa. Durante el día, sentí relativa facilidad al hacer el esfuerzo, confiado en que el trabajo estaba dentro de mi capacidad. Así que, mientras oraba, negué específicamente la creencia en la inevitabilidad de la decadencia y el debilitamiento, no solo en relación con la actividad de ese día en particular, sino con todas las buenas actividades futuras que pudiera realizar.
En la Ciencia Cristiana, aprendemos que la Vida verdadera es el Dios infinito, el Espíritu; por lo tanto, sabía que el dolor, la rigidez y el sufrimiento no podían ser reales porque no eran de Dios. Persistí en esta línea de razonamiento, sabiendo por experiencia que, a medida que tuviera una comprensión más clara de Dios y de mi relación con Él, la muñeca y la mano volverían a la normalidad. La Verdad tendría su obra perfecta.
Seguí con mis actividades domésticas habituales, realizando los ajustes necesarios en la forma de hacerlos. Mi esposa y yo nos sumergimos felices en la vida hogareña en nuestra casa recién terminada.
Durante algunos meses de oración constante, la inflamación y la rigidez fueron disminuyendo hasta desaparecer por completo. Mi muñeca y mano recuperaron su fuerza y flexibilidad normales. Volví a tocar el piano, y he puesto a trabajar ambas manos, sin dudas ni quejas, en una infinidad de actividades diarias durante más de un año.
Estoy muy agradecido por el cuidado en todos los aspectos de la vida que el estudio y la práctica de la Ciencia Cristiana brindan. La Ciencia Cristiana ha sido mi salvavidas hacia el Dios omnipresente, “Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordia” (Salmos 103:3, 4). Esta experiencia de ser restaurado a una acción normal y armoniosa ha marcado otro paso en el camino de mi creciente reconocimiento de la salvación y libertad, que Dios nos ha dado, de todas las pretensiones de materialidad y mortalidad.
Garwin Smith
Maryville, Tennessee, EE. UU.
