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Leer Ciencia y Salud me sanó

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 13 de abril de 2026

Publicado originalmente en portugués


Cuando me enteré por primera vez acerca de la Ciencia Cristiana, un practicista de esta religión me dijo que la esencia de esta Ciencia es que Dios es perfecto y que el hombre, por ser el reflejo de Dios, es, por lo tanto, perfecto. Más tarde descubrí que la base de esta afirmación se encontraba en el libro Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras de Mary Baker Eddy: “La comprensión a la manera de Cristo del ser científico y de la curación divina incluye un Principio perfecto y una idea perfecta —Dios perfecto y hombre per­fecto— como base del pensamiento y la demostración” (pág. 259).   

Yo no veía perfección en mí misma, pero la practicista de la Ciencia Cristiana con quien me comunicaba habló con tanta convicción que decidí examinar el tema detenidamente. 

Empecé a explorar Ciencia y Salud. Leí todas las explicaciones que daba sobre los textos bíblicos correlativos en cada sección de la Lección Bíblica que se encuentra en el Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana. Hice esta investigación durante bastante tiempo y nunca encontré ninguna contradicción.

Seguí leyendo Ciencia y Salud y aprendí que todos somos hijos de Dios, hechos a Su imagen y semejanza, verdaderamente buenos e inocentes. ¡Qué hecho espiritual tan magnífico! También aprendí a tener confianza en Dios en lugar de escuchar pensamientos de temor. 

Fue una sorpresa extraordinaria para mí descubrir que la oración en la Ciencia Cristiana trae curación. ¡Esto fue maravilloso! Desde entonces puse mi confianza en la curación espiritual, y obtuve buenos resultados desde que comencé mi estudio: Me liberé de sufrir mareos al viajar en barcos o botes, y nunca más volví a tener calambres menstruales. Cuando un clavo oxidado se clavó en el pie de mi hija pequeña, oré y la consolé de inmediato. Le lavé el pie con agua y jabón y me mantuve tranquila, sin temor alguno. Su pie sanó normalmente, sin ninguna molestia. No tuvo inflamación ni reacción adversa al incidente. 

Aún más fascinante para mí fue que ya no creía en la creencia generalizada de un lugar real llamado infierno. Esta enseñanza me había parecido cruel —no me sentía ni amada ni protegida; solo sentía miedo—. El concepto de Dios como Amor infinito —que estaba adquiriendo— me abrió los ojos para empezar a aceptar como realidad solo la justicia y la bondad.

En cuanto a quienes aún creen que Dios creó el infierno para el castigo eterno de los hombres, coincido con la profecía que hizo la Sra. Eddy: “No está lejos el momento en que los puntos de vista teológicos comunes respecto a la expiación experi­mentarán un gran cambio —un cambio tan radical como el que se ha efectuado en las opiniones populares sobre la pre­destinación y el castigo futuro—” (Ciencia y Salud, pág. 24). 

Estoy enormemente agradecida a Dios por guiarme por este camino de luz, la Ciencia Cristiana, que purifica mis pensamientos día a día para que pueda aceptar más del amor que se nos da en abundancia a mí y a todos. 

También estoy agradecida a las iglesias filiales de La Iglesia Madre y a los practicistas de la Ciencia Cristiana que están presentes para darles la bienvenida y apoyar a quienes buscan la Verdad que ama, nutre y salva.

Vasti Alves de Oliveira
Río de Janeiro, Río de Janeiro, Brasil

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