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¿Qué es verdadero acerca de ti?

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 30 de marzo de 2026


“Probablemente tomará al menos un par de semanas. En realidad, podrían ser seis semanas o más. Esa lesión no se ve bien”.

Esta fue una conversación entre dos entrenadores que estaban considerando cuánto tiempo podría tardar en recuperarme de una lesión. En uno de mis partidos de béisbol universitario, estaba jugando en tercera base y me lancé para tomar la pelota en dirección al campocorto. Cuando el interior de mi brazo izquierdo golpeó el suelo, sentí algo malo y doloroso. Después de eso, apenas pude hacer un swing con el bate.

Los entrenadores me explicaron que mi recuperación y eventual regreso al equipo requerirían no solo que transcurrieran varias semanas, sino también un proceso prolongado de rehabilitación. Pude notar cuánto trataban de ayudarme.

No obstante, sabía por experiencia que había otra opción. A lo largo de los años, había visto que se puede sanar a través de la oración.

La Ciencia Cristiana enseña que la oración que resulta en curación y recuperación no comienza con lo que está mal físicamente y después suplica a Dios que lo corrija. Comienza con el deseo sincero de aprender más sobre la naturaleza de Dios y cómo Él nos ha creado a cada uno de nosotros.

Dios no empieza con la materia, infundiendo en ella el carácter físico, la vida y la inteligencia, sino que comienza con la sustancia que conoce, y esa es Él mismo: el Espíritu divino. Somos Su linaje espiritual y, como tales, nuestra verdadera identidad espiritual no está asociada en absoluto con la materia. Dios no creó dos versiones de nosotros, una mortal imperfecta y la otra espiritual perfecta; el Espíritu infinito jamás pudo crear ni incluir la materia.

El sanador más exitoso de todos los tiempos, Cristo Jesús, dijo: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24). Esta perspectiva señala el camino hacia la oración que sana: honrar a Dios al escuchar humildemente al Cristo, la voz amorosa de Dios. El Cristo revela de formas muy bellas que la creación del Espíritu es en realidad permanentemente invulnerable, perfecta y espiritual.

A medida que oraba por mí mismo, escuchaba, y me reconfortó mucho aprender de Dios que en ese mismo momento yo era perfectamente espiritual y estaba sano. Ningún suceso, ni siquiera el terreno duro entre el campocorto y yo, podía alterar o desgarrar la idea espiritual de Dios. Y nunca es necesario que pase el tiempo para que la creación espiritual de Dios sea y permanezca sana.

Esta inspiración tuvo mucho sentido para mí. Me di cuenta de que es totalmente irreal que se produzca una lesión en la creación de Dios; es una creencia falsa acerca de nuestra verdadera naturaleza que es espiritual, hecha a imagen de Dios.

“La irrealidad” es el tema de la lección bíblica de esta semana del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana. Incluida en esta hermosa y alentadora lección están estas ideas de Mary Baker Eddy, la Descubridora de la Ciencia Cristiana:

“Hay que sacar a luz la gran verdad espiritual de que el hombre es, no que será, perfecto e inmortal.... La evidencia de la inmortalidad del hombre se volverá más perceptible, a medida que se abandonen las creencias ma­teriales y los hechos inmortales del ser sean admitidos” (Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág. 428).

Mis oraciones destacaron en mi pensamiento una visión más clara de “los hechos inmortales del ser”. Estos incluyen el hecho de la naturaleza eterna y perfectamente buena de Dios, y también de nuestro reflejo de esta naturaleza perfectamente buena, como imagen del Espíritu.

Dejar que las aseveraciones del Cristo impregnen nuestro pensamiento tiene el maravilloso efecto de elevar cada cosa que experimentamos. En este caso, en lugar de necesitar un tiempo prolongado para que se produjera la curación, al día siguiente me encontré sano y libre. No solo no me perdí ni un solo partido de béisbol, ni siquiera un día de entrenamiento.

Sí, por ser la creación espiritual de Dios, cada uno de nosotros ya es —no será— perfecto e inmortal. ¡Ser espiritual es un regalo tan grande! El hecho de pensar y orar desde esta perspectiva es seguir los pasos de Jesús y nos permite sentir la alegría de una curación permanente mediante el Cristo.

Si acabas de comenzar a leer las Lecciones Bíblicas semanales del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana, puedes aprender más sobre ellas aquí: https://biblelesson.christianscience.com/es/

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