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Reclama tu herencia

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 11 de mayo de 2026


La gente hereda todo tipo de cosas. Heredan bienes físicos como dinero, joyas, bienes raíces y reliquias familiares. Se dice que los rasgos humanos también se heredan, como la estatura, el color de la piel, la capacidad atlética o artística y el temperamento. 

A veces, las cosas que la gente hereda no son tan bienvenidas. La gente puede creer que el alcoholismo es hereditario, o bien, la mala vista o la obesidad. Al asumir un nuevo puesto en el trabajo, especialmente una promoción, tal vez nos encontremos con un problema preexistente que amenaza el éxito del negocio.

Afortunadamente, hay una forma de ver este concepto que solo aporta lo bueno a nuestra experiencia. Implica comprendernos a nosotros mismos como Dios nos ha creado. El primer capítulo del Génesis en la Biblia nos asegura que el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios, así que, dado que Dios es Espíritu, nuestra naturaleza como Su reflejo debe ser espiritual. El apóstol Pablo nos prometió: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Romanos 8:16, 17). Puesto que Dios es Amor (véase 1 Juan 4:8) y es completamente bueno, todo lo que nos llega como herederos de nuestro Padre divino debe ser bueno.

En los últimos años, se ha vuelto popular usar el ADN para investigar la ascendencia humana, la cual puede parecer intrigante. Sin embargo, aunque esta investigación pueda parecer inofensiva a simple vista, puede ser problemática. Cualquier cosa que establezca en nuestro pensamiento la creencia errónea de que hemos nacido en una existencia basada en la materia aparta el pensamiento de nuestro verdadero estado espiritual. En realidad, todo acerca de cada uno de nosotros es espiritual porque emana de una sola fuente, el Espíritu. Como herederos de Dios, es nuestro derecho negar cualquier y todo aspecto de la mortalidad. Somos inmortales y, por lo tanto, libres de rasgos hereditarios materiales, ya sean positivos o negativos.

Mary Baker Eddy, la Descubridora y Fundadora de la Ciencia Cristiana, tuvo mucho que decir sobre la herencia material. Escribió, por ejemplo: “La transmisión de la enfermedad o de ciertas idiosincra­sias de la mente mortal sería imposible si se aprendiera esta gran realidad del ser, a saber, que nada inarmó­nico puede entrar en la existencia, porque la Vida es Dios. La herencia es un tema prolífico para que la creencia mortal prenda sus teorías; pero si aprendemos que nada es real sino lo justo, no tendremos herencias peligrosas y los males de la carne desaparecerán” (Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág. 228).

Entonces, si realmente somos herederos del Espíritu, ¿qué es lo que heredamos?

Hace unos años, estuve en un partido de béisbol de pretemporada, donde puedes acercarte al bullpen donde los lanzadores calientan. Antes del partido, vi unas inscripciones en el guante de uno de los lanzadores. Decía “JER 29:11”, que se refiere a este versículo del libro de Jeremías en la Biblia (KJV): “Yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros —dice el Señor— pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis”.

¡Qué promesa tan maravillosa de solo el bien! Pensé en ese lanzador, solo en el montículo en un estadio grande, con todas las miradas puestas en él. En cualquier situación de presión, qué maravilloso es saber que Dios nos ha prometido amor, paz y bien cada día.

Además de ser totalmente buena, nuestra verdadera herencia es abundante y específica para nuestras necesidades. Este legado no es efímero, ni nos espera en algún momento desconocido en el futuro. Incluye bienes tangibles, tal como provisión, compañía, salud y seguridad. De hecho, cuando reconocemos y estamos agradecidos por el gran amor de Dios hacia nosotros, descubrimos que Él nos está proporcionando tanto bien que puede que ¡quizá nos cueste aceptarlo todo! Como promete la Biblia, “Traed todo el diezmo al granero, para que haya alimento en mi casa, y probadme si queréis en esto, dice el Señor de los ejércitos, si no os abriré las ventanas del cielo y os derramaré una bendición tal, que no habrá espacio suficiente para recibirla” (Malaquías 3:10, KJV).

Nuestra herencia es ser libres, tanto de la esclavitud como del dolor físico o emocional y los malos recuerdos. Cristo Jesús prometió: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32), y demostró el poder de Dios para sanar toda enfermedad. Esta herencia es única para cada uno de nosotros —no tiene nada genérico ni genético—. Es específico de nuestra expresión individual de Dios. Nuestra expresión de las cualidades basadas en el Espíritu tal como la inteligencia, la resistencia, la creatividad y el amor emana de Dios, su fuente. Reflejamos plenamente cada cualidad de Dios sin límites, en todo momento y bajo toda circunstancia. Nuestra capacidad para hacerlo es constante, no esporádica.

Aunque no tenemos que ganar la herencia que Dios nos dio, sí debemos reclamarla. Lo hacemos al reconocer sistemáticamente nuestra condición como creación espiritual de Dios y rechazar cualquier aspecto del yo mortal y material. Somos para siempre los amados hijos de nuestro Padre-Madre Dios celestial, y nada puede privarnos de esa herencia.

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