
Relatos de curación
“Buscad primeramente el reino de Dios, y su justicia; y todas estas cosas os serán dadas por añadidura” (Mateo 6:33). Esta promesa tan práctica de Cristo Jesús se cumple constantemente en la experiencia mía desde que empecé a estudiar la Christian Science.
Cuando se me presentó la Christian Science acababa yo de resolverme a no volver nunca a tomar ni una gota de medicina mientras viviera. Eso no lo hacía yo por haber oído hablar de la Christian Science sino sencillamente porque los remedios materiales me habían disgustado completamente.
“¡Muchas maravillas has hecho tú, oh Jehová, Dios mío! y tus pensamientos hacia nosotros, no es posible ponerlos en orden ante ti: yo querría anunciarlos, y hablar de ellos; pero pasan toda numeración" (Salmo 40:5). Este versículo expresa la gratitud que yo siento por la Christian Science, y por las pruebas que he recibido de su poder curativo.
La Christian Science ha sido mi roca o fortaleza durante los últimos veintiocho años. Mi primera curación fué de extrema nerviosidad.
Al impulso de mi gratitud por todo lo que la Christian Science ha hecho por mí, ofrezco este testimonio esperando ayude a otros como a mí me han ayudado tan a menudo los testimonios publicados. Hace muchos años, cuando estaba radicada en Chile, padecía mucho de constantes dolores de cabeza.
Cuando nuestra hijita tenía siete años, fué atacada de epilepsia repentinamente. Como seguía sufriendo esos ataques con más frecuencia y de más severas convulsiones, continuando a veces por horas sin cesar, solicitamos tratamiento de la Christian Science Nombre que Mary Baker Eddy dió a su descubrimiento (pronunciado Crischan Sáiens).
Estoy de veras sumamente agradecida por cuanto de bueno se va desarrollando en la experiencia mía con mi estudio de la Christian Science y su aplicación en mi vida diaria. Me interesé en esta Ciencia oyendo una conversación entre dos vecinas mías una de ellas Científica Cristiana, contándole a la otra cómo un pariente suyo había sanado de tuberculosis en su etapa final.
Quiero expresar mi gratitud por la Christian Science y por una curación que mediante ella experimenté recientemente de un lobanillo que había tenido en mi cuerpo desde mi niñez temprana. Me advino la percepción de que lo que brota antinaturalmente no forma parte del hombre, la imagen y semejanza del Espíritu que es Dios.
Habiendo experimentado lo que solo el Principio divino pudo haber hecho posible, se me clarificaron las palabras que se hallan en la I Corintios (2:9): “Cosas que ojo no vió, ni oído oyó, y que jamás entraron en pensamiento humano — las cosas grandes que ha preparado Dios para los que le aman. ” En el año de 1949 mi madre, que no era entonces estudiante de la Christian Science, se enfermó repentinamente de un grave dolor en el abdomen.
Someto este testimonio en humilde gratitud por todos los beneficios que he recibido mediante el estudio de la Christian Science. Una enfermedad cutánea que la profesión médica declaró incurable fué lo primero que me hizo buscar la ayuda de la Christian Science.