
Editoriales
No creo que haya ningún cristiano en el mundo que, en un momento u otro, no haya tratado de imaginarse cómo deben de haber sido los comienzos. Me refiero a los comienzos del cristianismo.
En el invierno de 1914, durante la Primera Guerra Mundial, los soldados en las trincheras iniciaron una breve y notable tregua. En la oscuridad de la Nochebuena alguien elevó por sobre el parapeto un árbol de Navidad.
Hogar. Familia.
“¿La práctica de quién? ”, pregunta usted. “¡No la mía! No soy practicista de la Ciencia Cristiana”.
Hace poco, recibí una carta de una amiga que había estado enfrentando una prueba difícil en su vida. Aunque ella sentía que ya había tratado el problema por medio de la oración y que estaba progresando, también reconocía que todavía debía resolver algunos aspectos del problema más plenamente.
¿Nos atrevemos a referirnos a un informe sobrio que llevaba el título “¿Muriéndose por un trago?” que apareció en The Sunday Times Magazine (Londres)? Habla, en términos nada humorísticos, de los efectos devastadores que tiene la bebida alcohólica en la salud y en el bienestar de la gente. The Sunday Times Magazine (Londres), 19 de febrero de 1989, pág.
Conozco a una persona muy persuasiva que solía dar consejos sobre cómo lograr obtener de los demás lo que uno desea. El decía: “No discuta.
Hace poco, cuando me preparaba para viajar al exterior, me dieron para que leyera una guía de turismo. Se refería en su mayoría a los modos y costumbres de la gente de América Latina, e incluía los tres países que íbamos a visitar: Argentina, chile y Uruguay.
Nuestros corazones se dirigen hacia el creciente número de refugiados en el mundo. Estas familias que huyen de circunstancias adversas — a menudo violentas persecuciones en su tierra natal — buscan asilo en otros países donde esperan tener un mejor futuro para sí mismos y sus hijos.
Una noche, mientras paseaba a mi perro, me encontré en una zona en que se estaban construyendo casas nuevas. Cerca de una de ellas había una enorme montaña de tierra negra, evidentemente esperando a que fuera esparcida alrededor de las casas para hacer jardines.