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Dios es nuestra fortaleza y sustento

Del número de abril de 1993 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Los Programas De televisión, los diarios, la publicidad y hasta las conversaciones entre amigos nos bombardean con el mensaje de que nuestra fuerza depende del estado del cuerpo y que la comida, las vitaminas y el ejercicio mantienen nuestro cuerpo.

No hay nada malo en comer con moderación y participar en actividades físicas. Lo primero es una necesidad humana y lo segundo puede ser un motivo de diversión que permite demostrar inteligencia y libertad de movimiento y tener una sensación de bienestar, sin tener en cuenta la edad. Sin embargo, el concepto materialista acerca de qué produce la fuerza y el sustento y de dónde provienen, puede tener consecuencias no satisfactorias y algunas veces, trágicas.

A pesar de que la gente obedece las llamadas reglas de la salud — comer alimentos adecuados, tomar vitaminas, hacer ejercicio— todavía parecen ser vulnerables a la debilidad o a la enfermedad o a algo que pueda destruir su bienestar. ¿No habrá una mejor forma de lograr la salud y mantenerla?

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