Me encanta decir con mucha gratitud que siempre he sido bendecida por la Ciencia Cristiana. Desde temprana edad, cuando asistía a la Escuela Dominical de la Ciencia Cristiana, me gustaba pensar que era Científica Cristiana y poder recurrir a Dios para cada necesidad.
Cuando era una joven adulta en mi primer año de universidad, me uní a la Organización de la Ciencia Cristiana (OCC) allí y también me afilié a La Iglesia Madre —La Primera Iglesia de Cristo, Científico, en Boston— lo cual me dio el placer de leer de la Biblia y el libro que la acompaña, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras por Mary Baker Eddy, en las reuniones de la OCC.
Durante esa época, también comencé a salir con un joven en la universidad. Él era muy respetuoso y era agradable estar con él; yo apreciaba que asistiera regularmente a su propia iglesia. Sin embargo, cuando salíamos íbamos a muchas fiestas donde se bebía y fumaba. Yo siempre me había opuesto con firmeza a los cigarrillos y al alcohol, pero muy pronto comencé también a participar.
Cuando terminó ese año escolar, mis padres me pidieron que dejara de asistir a la universidad, me quedara en casa y consiguiera un trabajo. Me sentí devastada, pero hice lo que me pidieron. Para fines del verano, mi novio me había propuesto matrimonio, y estábamos casados. Continué trabajando, pero después de dos años, la educación de mi esposo y nuestra situación económica no parecían progresar mucho. Cada uno asistía a su iglesia de vez en cuando, pero yo no estudiaba la Ciencia Cristiana con regularidad.
Me sentía muy deprimida, al punto de no poder hacer mi trabajo sin llorar. No quería que mis padres supieran de mi problema, pero sabía que necesitaba ayuda, así que encontré el número de teléfono de una practicista de la Ciencia Cristiana en las páginas amarillas de la guía telefónica. Nunca antes le había pedido a un practicista de la Ciencia Cristiana que orara por mí, pero sucedió que esta mujer tenía una oficina justo a dos cuadras de mi trabajo, así que podía visitarla durante mi hora de almuerzo.
Durante esas visitas, ella observó que yo estaba indecisa respecto a la Ciencia Cristiana, y sus palabras me inspiraron a tomar una decisión y comenzar a practicar la Ciencia Cristiana. También observó que me sentía abrumada por haber asumido las responsabilidades de mi esposo, así que me recomendó que memorizara este párrafo de la página 63 de Ciencia y Salud y lo aplicara a mi situación: “En la Ciencia el hombre es linaje del Espíritu. Lo bello, lo bueno y lo puro constituyen su ascendencia. Su origen no está, como el de los mortales, en el instinto bruto, ni pasa él por condiciones materiales antes de alcanzar la inteligencia. El Espíritu es su fuente primitiva y última del ser; Dios es su Padre, y la Vida es la ley de su ser”. Al principio, yo no sabía qué quería decir la practicista con “aplicar” estas ideas, pero estudié y memoricé el párrafo y pensaba con frecuencia en él. También dediqué más tiempo al estudio diario de la Lección Bíblica semanal que se encuentra en el Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana.
Aunque estaba comenzando a estudiar la Ciencia Cristiana con más regularidad, pensé que podía estudiarla y asistir a la iglesia de mi marido, que era de otra denominación cristiana. Pero si bien el ministro fue muy amable, en cinco o diez minutos de hablar con él, supe que quería quedarme con la Ciencia Cristiana.
Poco después, mi esposo y yo fuimos a un restaurante con unos amigos. Cuando nos disponíamos a pedir las bebidas, me vino el pensamiento de que yo era miembro de la Iglesia de Cristo, Científico, y estar libre del uso de alcohol y tabaco estaba de acuerdo con las enseñanzas de la Ciencia Cristiana. Antes de hacer el pedido, pensé: ¿Quieres fumar y beber alcohol, o quieres la Ciencia Cristiana? La respuesta llegó de inmediato, y pedí un refresco. Fue entonces que dejé de beber y fumar. La profunda depresión que tenía desapareció, y comencé a trabajar con mucha felicidad en mi empleo.
Durante el último semestre de mi esposo en la universidad, la practicista me aseguró que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28). Me pregunté: ¿Amo a Dios lo suficiente? Al buscar una respuesta me di cuenta de cómo podía amar más a Dios y ser más obediente.
Mi esposo se graduó con altas calificaciones. Posteriormente, él también decidió dejar de fumar y beber. Tuvimos dos hijos y asistíamos regularmente a una filial de la Iglesia de Cristo, Científico, como familia.
Elegir la Ciencia Cristiana aquel día en el restaurante resultó en mucho más que liberarme de la depresión. Cuando aprendí a confiar más en Dios y practicar lo que me habían enseñado desde mi niñez, me hice miembro de mi filial de la Iglesia de Cristo, Científico, y comprendí la alegría de servir en la iglesia. Sentí que mi comprensión del Espíritu, Dios, crecía cada vez más. Cuando nació mi tercer hijo, el parto fue sin complicaciones o asistencia médica.
Poco después, una amiga me alentó a tomar instrucción de clase Primaria de la Ciencia Cristiana. Al principio, pensé que estaba más allá de mis capacidades. No obstante, después de averiguar y orar por ello, pude asistir y descubrí que era una de las experiencias más inspiradoras que había tenido. La instrucción de clase de la Ciencia Cristiana demostró ser la “educación superior” que me inspiró a dedicarme a servir a esta Causa, la más importante de la tierra. Y me dio el deseo y la confianza de ayudar a los demás.
Cuando mi familia se mudó a una nueva comunidad, y solicité el servicio telefónico allí, mi deseo de ayudar a otros me impulsó a listar mi nombre y teléfono en las páginas amarillas bajo “Practicistas de la Ciencia Cristiana”. La clase de instrucción me había enseñado a dar un tratamiento en la Ciencia Cristiana, y las llamadas pidiendo ayuda comenzaron a llegar. Durante esa época, toda mi familia se hizo miembro de La Iglesia Madre y nuestra iglesia filial local, y mi esposo y nuestras dos hijas también tomaron instrucción de clase. Yo incluso tuve la oportunidad de regresar a la universidad donde tomé cursos y obtuve calificaciones altas. Pronto después de esto, solicité para anunciarme como practicista en el Christian Science Journal y fui aceptada.
Las alegrías de ser practicista de la Ciencia Cristiana son continuas. Estoy sinceramente agradecida por el apoyo que mi esposo brinda a mi práctica de la Ciencia Cristiana, por todo el bien que la Ciencia Cristiana me ha enseñado y por las bendiciones que recibo por practicar esta Ciencia.
Joyce Esgar
