Basado en las apariencias y ciertos estudios, puede ser tentador creer que la humanidad está perdiendo interés en Dios. (Véase, por ejemplo, Ronald F. Inglehart, Religion's Sudden Decline: What's Causing it, and What Comes Next? Oxford University Press, 2021.) Incluso puede ser tentador creer que esta es una tendencia que puede continuar hasta que no quede lugar en la sociedad para siquiera considerar a Dios. Según muchas métricas, la religión organizada está en declive, mientras que las ciencias parecen estar ganando a los pensadores que anteriormente podrían haber buscado respuestas religiosas. La necesidad de comprender la realidad no ha cambiado, pero los métodos y las afiliaciones de aquellos que buscan esta comprensión parecen haber cambiado.
En las ciencias, por ejemplo, “¿Qué es la consciencia?” es una pregunta intrigante y enigmática. Para mí, esto se hace eco de la antigua pregunta religiosa “¿Qué es el espíritu o el alma y cómo se relaciona con el mundo físico que nos rodea?”
Tal vez esta búsqueda para comprender la consciencia es un paso necesario para el pensamiento humano en su transición hacia algo más sagrado y espiritual. Si es así, ¿dónde deja eso a aquellos que todavía valoran la religión y reconocen la investigación científica de la humanidad como un anhelo de conocer aquello que solo una relación profunda con Dios puede ofrecer?
Mary Baker Eddy, la Descubridora de la Ciencia Cristiana, vio que “la observación, la inventiva, el estudio y el pensamiento original son expansivos y debieran promover el crecimiento de la mente mortal fuera de sí misma, fuera de todo lo que es mortal” (Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág. 195). Para mí, el hecho de que se planteen preguntas que apuntan más allá de la materia a la consciencia es una prueba de que ese crecimiento se está produciendo hasta cierto punto. En cuanto a qué lugar tiene la religión en ese crecimiento actual del pensamiento humano, Jesús dejó el modelo para nosotros. Él no vino a establecer una religión llamada cristianismo, sino a demostrar la verdad de Dios: “para dar buenas nuevas a los pobres; … a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos” (Lucas 4:18).
A veces, cuando tratamos de traer un enfoque espiritual a una conversación, podemos sentir el deseo de convencer a otros de por qué la Ciencia Cristiana, o incluso la religión en general, es importante. Pero Jesús simplemente habló con la gente sobre la realidad, sobre cómo Dios satisfacía sus necesidades y sobre la naturaleza de Dios de maneras que pudieran entender. De hecho, una vez le dijo a una mujer samaritana en respuesta a su comentario sobre las diferentes formas en que los judíos y los samaritanos adoran: “los que adoran [a Dios] deben adorarlo en espíritu y en verdad” (Juan 4:24 KJV). Esto es significativo porque Jesús no estaba tratando de ganar una discusión cultural o religiosa; estaba haciendo algo muy diferente. Estaba apartando el pensamiento de la mujer de varias prácticas y percepciones religiosas hacia la comprensión de Dios, el Espíritu, y nuestra relación espiritual con Él.
¿Puede ayudarnos el ejemplo de Jesús cuando hablamos con personas de diferentes creencias, incluyendo aquellas que creen que la religión o la espiritualidad no les sirven de nada? ¡Sí! Nos muestra que cuando surge la cuestión de la espiritualidad en una conversación, no necesitamos convencer a los demás de por qué la Ciencia Cristiana, o la religión en general, es importante.
Cuando mi esposa y yo nos conocimos, ella no creía que la religión fuera beneficiosa para ella. Había crecido en una tradición de fe que no era satisfactoria para ella, y encontró que el discurso en las ciencias y entre los movimientos sociales era mucho más estimulante y fructífero. Como amigos, a menudo hablábamos de la realidad, de la materia y la consciencia, del significado de la vida y de nuestro lugar en el universo. La palabra Dios no siempre estaba en nuestras conversaciones, pero estas eran conversaciones acerca de Dios. Eran profundos intercambios sobre la verdad, la vida, el amor y la inteligencia, temas que recordarán a los Científicos Cristianos los sinónimos bíblicos para Dios que Ciencia y Salud capitaliza: Verdad, Vida, Amor, Mente, Principio, Espíritu y Alma.
¿Puede ayudarnos el ejemplo de Jesús cuando hablamos con personas de diferentes creencias?
Con el tiempo, ella se interesó en aprender sobre la Ciencia Cristiana. Hacía preguntas muy astutas que llevaban a conversaciones aún más profundas y espirituales. Estaba particularmente interesada en aprender sobre las curaciones que yo había experimentado a través de mi práctica de la Ciencia Cristiana. Una vez, cuando lidiaba con una condición física difícil, llamó a un practicista de la Ciencia Cristiana, alguien que está disponible para ayudar a otros a través de la oración. Los resultados fueron rápidos y definitivos. La condición física desapareció, y debido a esta curación ella quiso aprender más sobre la Ciencia Cristiana. Hoy es Científica Cristiana practicante y un miembro dedicado de la Iglesia de Cristo, Científico. Todavía estamos aprendiendo y creciendo, individualmente y juntos.
Después de la conversación de Jesús con la mujer samaritana, que tuvo lugar en un pozo a donde ella había ido a sacar agua, inmediatamente fue a la ciudad para decirles a quienes encontraba que había hallado al Cristo. La Biblia dice que incluso dejó su cántaro de agua, ¡la razón misma por la que había ido al pozo en primer lugar!
El método de Jesús es eficaz porque satisface nuestro anhelo de amor, salud, bienestar, comprensión, protección y progreso. La humanidad aceptará y valorará cada vez más este método a medida que más y más personas vean su eficacia constante. Jesús reconocía a cada individuo como un hijo de Dios, haciendo de esto la base de sus interacciones con los demás, lo cual le revelaba la palabra correcta para decir a fin de responder a la necesidad en cada caso. Tratar de convencer deliberadamente a otros de la importancia de la religión o de Dios no solo puede pasar por alto la verdadera necesidad, sino que también puede crear una jerarquía de perspectivas humanas, donde se habla a una persona con condescendencia. A nadie le gusta estar en el extremo receptor de ese tipo de conversación, si es que se puede llamar una conversación. Ahora reconozco que la naturalidad y la franqueza de las primeras charlas que mi esposa y yo tuvimos se debieron en gran parte a mi aprecio y cuidado por ella más bien que de sentir algún tipo de necesidad de convencerla de creer en el valor de Dios o la religión.
El anhelo de recibir respuestas proviene de la intuición que cada individuo tiene de que las cualidades de la Verdad, la Mente, el Principio y la Vida pueden descubrirse y alcanzarse. Es un reconocimiento innato de que las personas tienen el derecho a recibir respuestas y soluciones. ¿Y por qué no? La Biblia nos dice que Dios nos hizo a Su imagen y semejanza, y como explica la Ciencia Cristiana, cada uno de nosotros es el reflejo de Dios.
Los estudiantes de la Ciencia Cristiana tienen la oportunidad de reconocer esta identidad espiritual en todos y seguir el ejemplo de Dios en nuestras conversaciones y acciones. Cuando lo hacemos, las conversaciones pueden apartarse naturalmente de los métodos humanos hacia una base más espiritual y al reconocimiento de que el pensamiento es capaz de comprender al Cristo, la verdadera idea de Dios que Jesús ejemplificó tan plenamente.
Hoy en día, como en tiempos de Jesús, es necesario comprender la realidad y las soluciones prácticas que esto aporta a la humanidad. Es importante que no caigamos en la tendencia humana a definir esta búsqueda en términos materiales o denominacionales, tergiversando la Ciencia Cristiana como la secta o filosofía de unos pocos en lugar del descubrimiento más importante de todas las épocas. Hoy en día, hay muchas mentes sin prejuicios que pueden identificarse como físicos, agnósticos, activistas, religiosos caducos, humanistas o ateos, y su número parece crecer a diario. Pero Ciencia y Salud señala: “Millones de mentes sin prejuicios —simples buscadores de la Verdad, fatigados peregrinos, sedientos en el desierto— aguardan expectantes descanso y refrigerio. Dales un vaso de agua fría en nombre de Cristo, y jamás temas las consecuencias” (pág. 570).
